TERE DIAZ en CRACKS PODCAST #394

In this episode of Cracks Podcast, host Oso Trava interviews psychotherapist, author, and co‑founder of Psicoterapia de la Montaña, Tere Díaz Sendra. The conversation moves from Tere’s practical adjustments to living with stage‑4 lung cancer—dietary changes, strength‑training routines, and alternative energy‑based therapies—to her broader philosophical stance on suffering, acceptance, and purposeful living. She explains how she plans her life in short PET (treatment) cycles, maintaining agency despite medical uncertainty. Tere discusses her latest book, Encuentra tu Norte Emencial, describing its modular structure of 14 chapters that address topics such as friendship, love, money, and self‑acceptance, and how it serves as a manual for readers to pick the sections most relevant to their current challenges. The dialogue delves into concepts of normality, self‑esteem (autocompetencia, autodignidad, merecimiento), gender expectations (the “Superwoman & Supercansada” paradox), and a realistic view of happiness as a tapestry of satisfying moments rather than an absolute state. She shares how her diagnosis opened deeper conversations with her adult children about relationships, death, and legacy, and outlines her professional ecosystem: a team of 130 therapists under Psicoterapia La Montaña, online courses, and her public presence. The episode closes with a reaffirmation of her core message – life is hard but generous if you seize it, a lesson she attributes to therapy.
Chapters
No va a cambiar, yo no me voy a curar, no me voy a curar. El ver la muerte más de cerca, más que atemorizadora, es un recordatorio de que estoy viva. Yo tosía. Primero me dijeron que era una gastritis, me dieron tratamiento para la gastritis, luego me dijeron que era una bronquitis. Yo dije: en mi vida jamás, ni neumonía, ni gripas, ni bronquitis. Y es que toso con sangre.
Tere lleva 35 años como psicoterapeuta ayudando a miles de personas y de parejas atravesar sus propias crisis. Es socia fundadora de Psicoterapia de la Montaña, autora de más de 10 libros, y es una de las voces más respetadas en la psicología en toda América Latina. Hoy a Tere le toca ser ella el caso de estudio de su propia obra.
La energía que uno gasta tapando, disimulando, evadiendo, negando lo que es, es un desperdicio, porque esa energía la puedes utilizar en escribir otro libro, en hacer un viaje, en echarte un tequila.
Algún consejo que tú dabas que hoy encuentras que tal vez estaba faltante de sustancia.
Creo que era una creencia que todo se puede si sabes cómo y le echas ganas. Yo creo que hay cosas que no se pueden, y no te lo digo desde la derrota, el pesimismo. Hay cosas que no se pueden cambiar, hay cosas que son.
Hola y bienvenidos a un nuevo episodio de Cracks Podcast. Yo soy Oso Trava y entrevisto cada semana a las mentes más brillantes para dejarte algo único y práctico que puedas usar en tu vida diaria. Antes de empezar, este 8 y 9, 10 de octubre, ya faltan pocas semanas, sucede Business Masters Live 2026, el evento más íntimo y más intenso que tengo de negocios en todo el año. Menos de 400 lugares, emprendedores, empresarios y sus equipos aprendiendo durante 3 días de las mentes más brillantes, 17 instructores que te van a enseñar a detonar el crecimiento de tu negocio de una vez por todas. Entonces aprovecha y aparta tu lugar en businessmasters.mx. Nos vemos en la Ciudad de México. Hoy tengo de regreso a una invitada muy especial, Tere Díaz Sendra. La puedes encontrar en Instagram como @terediazsendra. Hace 2 años Tere y yo nos sentamos en esta misma mesa para hablar de amor de pareja, para hablar de infidelidad y de la nueva soltería. Y la misma semana que publicamos su episodio en Cracks, la vida le cambió el guión. Tere fue diagnosticada con cáncer de pulmón en etapa 4. En este episodio, Tere y yo hablamos de cómo se recibe una noticia como la que ella recibió, de qué herramientas sirven de verdad cuando te toca enfrentarlo a ti, de cómo se vive una enfermedad que no se va a ir, y de su nuevo libro Encuentra tu Norte Emocional. Esta es una plática sobre la vida contada por alguien que la está peleando con una claridad que pocas veces se ha visto. Espero que disfrutes de esta plática tanto como yo con Tere Díaz-Helder. Tere, bienvenida de regreso a Cracks Podcast.
Fíjate qué contenta yo.
Qué contento yo.
Qué alegría.
Contentos todos. Vamos a hablar de muchas cosas que han pasado desde el episodio 297, que estuviste aquí hace casi 2 años, en verano de 2024. Pero antes de entrarle a todo este tema que ha sido un par de años movidos, por decirlo de alguna manera. Cuéntame del viaje que acabas de hacer. Me dices que regresaste ayer de La Baja, de un viaje al que te invitó uno de tus hijos.
Fíjate que mi segundo hijo le dije en su cumpleaños, ojo, el cumpleaños fue en enero, ¿qué quieres que te regale? Y me dijo hacer un viaje solo contigo. Y yo me emocioné muchísimo, dije, ¿cómo que es un regalo para mí? O sea, que la bregón de 37 años quiere hacer un viaje solo con su mamá. Ya me enteré que tú también Pero los hago todos los años. Bueno, él me la volteó que yo se lo diera de cumpleaños, pero me sentí súper halagada. Él se va a vivir a Los Cabos, fíjate, se va a vivir en un nuevo proyecto de pareja. Ya lleva muchos años con Paulina y decidieron hacer ese cambio por muchas razones, y me invitó a conocer el lugar. Luego, luego los dos dijimos, pues hay que invitar a nuestras parejas al final, y llegaron a Todos Santos. La pasamos súper rico, la pasamos súper rico. Momentos de de soledad, de silencio, de conversaciones que en la rutina a veces no tienes, de recordar cosas vividas, de proyectar cosas a futuro. La verdad que, la verdad, la verdad que fue una experiencia especial. Ahora a ver si los otros 3 la copian, porque ya me gustó.
¿Qué te sorprendió de este viaje?
Bueno, me sorprendió la invitación, porque mira, yo te voy a decir, yo amo a mis papás, mis papás ya no viven, y viajé mucho con mi papá, pero que yo te dijera es mi mejor plan, con todo y lo que lo disfrutaba. Pero pues uno mira futuro, busca la pareja, quiere a los hijos, tiene amigos. Ama a mi papá. Mi mamá murió cuando yo era muy joven y eso ya lo había compartido. Entonces mi papá realmente fue un puntal familiar que nos, que nos hizo crecer. Mis respetos, porque ya no me quiero salir del tema, pero Voy a meter un tema de género. Muchos hombres se nos alocan al momento de una viudez o de una separación. Y sabes que él sostuvo la idea de familia que siempre tuvo, se volvió a casar, hizo una muy buena elección. O sea, de veras priorizó el amor de familia y esta cuestión, que cuestión con las hijas. Pero pues no es tu mejor plan irte con tu papá de viaje. Y a mí me sorprendió eso, no, que él eligiera ese espacio conmigo, lo cual me dio así como un regalo inmenso al corazón.
¿Crees que es diferente un hombre irse con su papá que con su mamá? O sea, cuando tú dices mi mejor plan no era irme con mi papá, ¿con tu mamá lo hubiera sido?
Ay, creo que tampoco. Sabes que, a ver, mis papás fueron figuras fundantes, con todo y que mi mamá se fue temprano. Pero tampoco eran mis mejores amigos, no eran mis enemigos. Había una profunda confianza, había un disfrute, había un apego, un apego amoroso, bien, pero la diversión, el relajo, pues es con tus pares, no, no, no con tu papá. Y mira que mi padre era divertidísimo. Aún así te diría que, y viajé con mi papá muchísimo, con la familia, pocas veces solos. Pero bueno, yo creo que tus papás son tus papás, y con toda la buena relación que hay, no son tus mejores amigos. Anhelo que mis hijos no vean esto para que me sigan invitando a viajes a mí sola y me cuenten sus cosas. Pero yo creo que pueden tener mejores planes. Sin embargo, hay un honrar, ¿no? Lo que, lo que es la relación con tus padres, con tu mamá, es Seguir aprendiendo y yo creo que atesoras las experiencias a lo largo del tiempo. Yo te puedo decir que recuerdo viajes con mis amigas, muchas cosas, pero hay momentos fundantes de esos viajes, particularmente con mi papá. Mi mamá se nos fue un poco rápido y todavía a una edad en que te cansas, ¿sabes? Yo en una adolescencia tardía, porque en aquella época a nuestros 20 éramos como ahorita son los de 16. Yo creo que era tan intensa y tan queriéndonos meter a sus moldes en una época en que hoy era pesado, que ya no tuvimos la oportunidad de verla evolucionar. Y tengo la certeza, por su inteligencia y por su búsqueda profunda interna, que ya se hubiera movido mucho el lugar. Pero como que nos quedamos en esta etapa, que era ir contra, contra en todo. Que porque te vistes así, que porque te, porque súper conservadora, porque te pones eso, pero porque haces tal cosa, pero las uñas rojas son unas necedades. De la época y de su contexto, que híjole, era un batallar. Pero bueno, de que hizo falta, hizo falta su presencia.
Oye, Tere, hace 2 años que estuviste aquí. Durante la plática, pues tú siempre has sido muy echada para adelante, llevas 35 años dando terapias y decías hay que agarrar la vida por los cuernos. Y poco, poco nos imaginábamos lo que, lo que venía para ti, ¿no? Tu vida era materialmente diferente. Hace 2 años justo. Y a mí, para mí este episodio es muy especial porque justo la semana que salió tu episodio a ti me diagnosticaron con cáncer, no. Y primero, antes de entrarle a todo lo que ha pasado a raíz de ese diagnóstico, es preguntarte cómo estás.
Fíjate que estoy bien, me siento bien. Llega todo el mundo y te dice 200 cosas: visualiza, respira, cierra los ojos, ponte esto y ponte el otro. Y yo te puedo decir, y reflexiono por qué, y tengo algunas razones. Yo me siento bien, primero porque creo que la ciencia ha avanzado de manera particular, y que, bueno, mi madre murió de cáncer, no sé si lo sabías, y yo veo esos tratamientos, esos efectos secundarios, y creo que con todo y los bombazos que me han dado, pues estoy súper bien, no sé, me siento con fuerza, con energía, no me han tumbado, no me han tumbado. A veces me sorprendo, no quiero decir que sorprendo a los médicos, pero porque yo creo que ellos tienen mil casos, pero sí, sí hay una sensación de fuerza, hay una sensación de como de entereza, y sobre todo te digo algo, Oso, de una motivación. O sea, yo creo que El ver la muerte más de cerca. Te voy a decir algo, la muerte de mi madre es fundante porque tú te quedas pensando, pues mi mamá se enfermó a los 42, yo ya tuve 42, no me enfermé, bla, bla, bla. Entonces es un vivir no con el pavor, porque mentiría si te dijera he vivido con pánico de enfermarme, de morirme, pero siempre es una información que ahí está. Y hay una cercanía a la muerte. Hay gente que no ha visto morir a nadie, y yo he visto morir a varias personas, entre ellos mi madre muy joven, mi papá y tías que tuvieron un valor como de mamás importante a lo largo de mi vida. Entonces, esa cercanía para mí, más que atemorizadora, y ahora con el diagnóstico pues muy contundente, es un recordatorio de que estoy viva, ¿sabes? O sea, esa sensación y esa experiencia de estar viva, con toda la riqueza que implica poder tomarte un café, platicar, estar aquí, leer un libro que me fascina, hacer un viaje que disfruto, invitar a mis hijos a algún lado. Ahora se va a casar uno por primera vez, desde 4 se casa el chiquito. Imagínate la cuestión. Entonces Es la experiencia bien consciente de estar viva. A veces yo doy gracias por la capacidad de disfrute que tengo, desde un café hasta platicar con Peter en la mañana, hasta tomarme hoy desayuno un mango que estaba buenísimo. Y esa capacidad de disfrute te permite estar en el presente, y cuando estás en el presente, digo, no niegas tu pasado, No cierras los ojos ante el futuro, pero permite que degustes minuto a minuto, que te entusiasme de ver a los momentos, los pequeños y los grandes. Entonces te diría que eso impacta. Quiero agregar algo, tengo 64 años, o sea, mis hijos, el menor tiene 33. Yo creo que también Tener una cierta edad, haber vivido, haber logrado varias cosas que te hacen sentirte satisfecho, satisfecha, en paz, pues también ayuda a soltar bastante, ¿no? Y a aceptar un poquito la cosa como va. Y yo luego digo, sin autoengañarme, porque mi diagnóstico es complejo, pues la ciencia avanza a una velocidad que digo, bueno, vamos ganándole tiempo al tiempo y Un paso a la vez. Así es.
Regresemos a ese momento, porque a ti te habla tu doctor y te dice: vente y platicamos.
Te voy a decir, yo tosía y tosía, y me primero me dijeron que era una gastritis, me dieron tratamiento para la gastritis, luego me dijeron que era una bronquitis. Yo dije: qué chistoso, en mi vida. Porque ves que hay gente que batalla de las vías respiratorias, jamás ni neumonía, ni gripas, ni bronquitis. Que una bronquitis, quién sabe qué me dieron. Y es que toso con sangre. Y ahí yo todavía pendeja, que me dice una hermana, si tú me hubieras dicho, yo hubiera sabido, porque mi mamá cuando su cáncer pasó a los pulmones, ese fue un síntoma. Qué interesante cómo, si me voy, me regresas, cómo uno tiene visiones similares de los padres, pero también experiencias. Yo nunca viví eso con mi mamá, y viví muchas cosas con mamá, pero eso de Toser con sangreno. Toso, le digo al doctor, me manda a hacer un estudio, voy al estudio, todavía como con amigas, y cuando le hablo, por la confianza que nos tenemos, me dice: Vente para acá. Me siento y le digo: A ver, así, ¿es cáncer? Sí. ¿Avanzado? Sí. ¿Me voy a ir con el oncólogo ya para qué te voy a ver?
Sí.
Saqué una cita y me fui con el oncólogo. Así, o sea, que voy a hablar con el doctor para que me diga en persona con cuidado. Y fíjate que sí confirmo que yo prefiero saber, yo prefiero irme al grano directo, que no me la doren la píldora. Y mis hermanas, cuando a veces me acompañan al médico, me dicen: ¿Por qué preguntas esas cosas? O sea, pues porque a mí sí me gusta saber, no desde el morbo ni desde el drama, sino para mentalizarme y organizarme y administrar mi vida, mi energía, mis tiempos, mis prioridades. Que te digo algo, no cambiaría tanto lo que hago.
O sea, quiero, quiero entrar a eso un poquito más adelante, pero quiero regresar ese momento un poco, ¿no? O sea, empieza a toser, te va a hacer una tomografía, No has tenido la llamada con el doctor. ¿Tuviste miedo en algún momento? O sea, yo sé que, y tú creo que me lo dijiste la vez pasada, tuviste una depresión hace 30 años. Tu mayor miedo era regresar a un momento de depresión. Tu segundo mayor miedo era que te diera cáncer.
Sí, era, o sea, el cáncer siempre tuvo esa cosa. Debes saber que una de mis hermanas tiene cáncer, ya lleva años con cáncer, está bien. Mi cuñado, que era de mi edad, murió de cáncer. O sea, y no me vayas a hacer la pregunta, porque gente, ¿por qué no haces un trabajo del cáncer? Ay, porque he hecho muchos trabajos. O sea, ya, ya de que me quieren dar la cosa de córtala, pues sí. O sea, hay algo, hay algo, hay una condición física, hay una estructura de carácter, no lo sé. Pero yo esa cosa así tan esotérica de haz algo del trabajo del cáncer. Hoy estoy haciendo todo lo que puedo hacer con el mayor grado de conciencia. Entonces, pues sí fue sorpresivo, sí fue sorpresivo, un sentón. Pero dije, lo que sigue, ¿no? Ahora, ¿qué? Ahora, ¿con esto qué?
¿Cómo fue la llamada con tus hijos?
Fíjate que yo les llamé a mis hijos y les dije, vengan. Tus 4 personas intensas, libres, soberanas. Pero, ¿por qué? Vengan, vengan. Y sabes qué les dije cuando les llamo y les digo vengan, cuando díganme cuándo lo había hecho. Nunca, Oso. O sea, tu mamá te habla, ven, vas, no. O sea, ¿qué pasó? ¿Qué? Pero es que estoy— vengan. Y fue así. A ver, una llamada así es porque hay algo medular que les tengo que decir. Si no, no doy una orden categórica, contundente, de una sola palabra: vengan. Porque aparte de algunos somos vecinos, vivíamos en la— vivimos la mayoría en la misma colonia. No, ya no vive en el país, otro ya se cambió de colonia. De barrio, como digo yo, pero era de: te estoy diciendo que vengas. Y fue, llegaron. No te voy a decir algo, yo me acuerdo cuando me decían en cursos, talleres, terapias grupales, círculos de verdaderos, o lo que quieras, Es que tú eres una persona valiente. Yo sé, yo quiero que digan amorosa, no, porque valiente como que me parece. Y te puedo decir que pues sí hay una valentía, que no me preguntes. Por cierto, estoy haciendo un artículo que me pidieron respecto al divorcio, es algo de valientes. ¿Cómo se fue construyendo esa fuerza interna a lo largo del tiempo? Yo creo que es como un músculo. Y sí, sí soy valiente. Y no te digo que no me den miedo cosas, Pero también los avances de las ciencias y las posibilidades, otro gran tema, de bien morir libera, ¿no? Para mí, lo más traumático de la muerte de mi mamá fue que se estuvo ahogando mucho tiempo. Yo sé que eso hoy, bueno, ni a un perro lo dejas morir así, ¿no? Entonces eso también dice, esa libertad de poder elegir una muerte digna, creo que hace una diferencia en el buen vivir.
Entonces los convocaste, llegaron a tu casa. ¿Qué les dijiste? ¿Cuáles son tus palabras?
Les dije tal cual: el médico vio esto, estoy tosiendo así, y hay un altísimo porcentaje que esto es cáncer. Ellos sí se pusieron a llorar, y creo que yo pude pues dejar, no, que cada quien— yo atarantada, también te voy a decir, la madre que contiene Porque pues es que la palabra cáncer es horror, horrorosa. O sea, yo creo que despierta con todo y que hay tantos cánceres y tanta gente que lo sobrevive o que vive con el cáncer acotado. Me parece una palabra terrorífica, ¿no? Porque destapa infinidad de historias, infinidad de fotografías, etcétera, etcétera. Entonces Pues ahí fuimos todos al doctor.
¿Cómo reaccionaron?
Pues mira, contenedores pero vulnerables, no, o sea, no de que se están desmadejando, ahora hay que calmar al que se supone que te acompaña, no, pero sí vulnerables, no, sí vulnerables. Fíjate que aquí saco un tema importante: qué valioso es un círculo de contención en la vida. Tú sabes que yo soy pareja de un norteamericano, que mira, que para ser norteamericano hay vínculos con su familia, a diferencia de gente que sabes que no se ven en 10 años o que no se hablaron en 8. Aquí hay una relación y sin embargo creo que la familia mexicana, la educación particular de mi familia, sin ser muy ganesca de que ya déjenme en paz, quiero viajar sola, yo sola con mi persona. Sí hay una conciencia de comunidad, de conjunto, de contención, de ayudarnos. Y yo creo que eso, híjole, se amortigua cañón. Los golpes de la vida. Y te hablo de otras situaciones de vida que he vivido no fáciles, y te diría que quizás me pegaron más que el cáncer mismo. Y que sabes, te sabes acompañado, no, te sabes escuchado, te sabes con alguien que prácticamente puede llegar, recogerte hoy, o ir con un hijo, o comprarte tal cosa, o sacarte una cita. Y yo creo que eso es de inmenso valor. Yo creo que todos debiéramos de cuestionarnos con cuántas personas— no se trata, no sé si tú conoces, porque ya soy mayor, a este cantante que ya mucha gente, mis hijos no lo conocen, Roberto Carlos, con su famosa canción que todavía la cantan otros artistas de yo quiero tener un millón de amigos. Yo no. Y fíjate que justo en mi último libro que saqué hay un capítulo que se llama Yo no quiero tener un millón de amigos. Me gusta, socializo bien, disfruto de la gente, pero hay gente que le encanta estar rodeada de multitudes mañana y tarde y noche. Yo no, pero sí tengo muy buenas amistades y cuento con pilares emocionales, físicos, que creamos una red de ayuda, ¿no? Y que yo soy eso para ellos y que esas personas son eso para mí. Me parece central. Para una buena vida, no contar con gente con la que te puedas acompañar. Voy a hablar mal de nuestros vecinos del norte. Se les da mucho que la pareja, que es una relación muy, muy importante, pero es tu amor, tu cómplice y todo, como canta Mario Benedetti. Y de veras se desgasta, o sea, no puedes poner todo, todos tus problemas, todas tus necesidades, todos tus sueños en una sola persona. O sea, no hay manera. No hay manera. Ya lo decía Esther Perel, no, este, que necesitamos de una tribu para poder distribuir nuestras necesidades y nuestros intereses. Y creo que eso lo experimentó en la vida y lo considera un valor y algo que se trabaja.
O sea, ¿qué viste en el padecimiento de tu mamá cuando tenías 22 años en tu casa que al enterarte de tu propio diagnóstico dijiste yo no quiero que eso se repita en la mía.
Mira, primero, un no hablar. Creían, a ver, era obvio que sabíamos y nos dábamos cuenta. Y de hecho yo acompañé a mi papá porque ella decidió tratarse, no tratarse, pero operarse en Estados Unidos, cosa que yo dije me niego, este, ni quiero ni me interesa y nada, aunque el seguro te lo ofrezca, yo quiero estar en mi lugar, ¿no? Primero, el no ser claros. Como si eso fuera cuidar. Que porque éramos muy chicas, que yo tenía 22 años, mi hermana chica 15, lo que gustes. Pero esto, ser claros, genera mayor ansiedad ahí como volando.
Tabú.
Un cierto tabú, un no entender algunas cosas, y luego una sensación de traición. Porque si las personas en las que yo más confío son mis padres. De niño, todo lo que tú quieras me cansaba mi mamá, pero confianza total y absoluta de saber que estaban y que eran ciertos y verdaderos y confiables eran mis papás. Entonces, esa nebulosa como para cuidarte, qué raro, por un lado. Por otro lado, yo creo que uno puede informar dosificado a la edad, cerebro, contexto y momento de esa persona. No le vas a contar igual a tu hermana que a tu hija de 15 años, pero sí le puedes decir porque tiene la capacidad de escuchar, entender y con suerte, si la has cuidado emocionalmente, el aparato afectivo para acomodar, dosificar e ir integrando esa verdad. Eso me parece central y creo que ahí ellos No sé si se engañaban a ellos mismos. Fíjate que algo que me llamó mucho la atención es que mi papá no hablaba de eso con mi mamá. O sea, no lo puedo entender. Y él nos decía: es que yo no la quería lastimar. Híjole, imagínate ella en plena conciencia jugando a no me vas a lastimar y yo tampoco te voy a lastimar. Y no sé si mi papá era súper terco, divino, simpático, pero terco. No sé si ella trató y él no se dejó. Pero ya no lo sé. Trató de hablar, trató, o sea, o quiso ponerlo sobre la mesa, o tenían esa idea falsa de cuidar. Me parece que no es una manera correcta de cuidar.
Ahora, en noviembre tú hiciste un live en el que le anunciaste: tienes muchos seguidores, muchos pacientes, mucha gente que te quiere. Y dijiste como frase de apertura de ese live: la vida es difícil pero generosa. ¿Qué querías decir con eso?
Yo creo que si la vida nos da putazos, voy a decir que los da, si tú sabes, y digo agarrarla por los cuernos, que es tomarla y aceptar esa realidad de manera radical, en la medida en que uno la va integrando, porque tampoco somos te abre otras puertas. O sea, sí creo que abre otras posibilidades de vida, de experiencia, de crecimiento, de profundidad, de disfrute. Lo creo de verdad y así lo vivo. La energía que uno gasta tapando, disimulando, evadiendo, negando lo que es Es un desperdicio, porque esa energía la puedes utilizar en escribir otro libro, en hacer un viaje, en poner tu casa bonito, en organizar una comida, en descubrir una nueva receta, en echarte un tequila. O sea, de veras, el desgaste de negar y evadir es energía para mí desperdiciada. La realidad se impone. Y si la recibes con todo y el zarandeo que te puede dar dolor, mareo, dudas, tratatá, pues se te abren las puertas. Si no estás tratando de cerrar puertas, que perdón, ya se abrieron. Por más que las trates de cerrar, te vas a agotar negando lo que es. Agotar la energía. O sea, la energía es una. Uno tiene una energía básica con la cual piensa, vive, hace el amor, trabaja, disfruta. Piensa, duerme. La energía es una y la tienes que calibrar. Si la desgastas en la evasión y la negación, pues qué cansancio, no, qué cansancio para seguir creando, seguir viviendo, seguir disfrutando, seguir resolviendo y agarrando la vida por los cuernos, porque pues eso es.
Ciertamente, pues toda la experiencia que tienes, no como psicoanalista pero sí como psicoterapeuta, pues me interesa muchísimo aplicarla a tu propia vida. Llevas 35 años Dando terapia, ayudando a personas a manejar crisis, y hoy tú te ves enfrentando una crisis que yo creo que la más dura que puedes enfrentar, no, la crisis de la fragilidad de tu propio cuerpo. No sé si en este proceso, estos 2 años, recordar las lecciones y las herramientas que has dado por 35 Pues te hicieron cambiar un poquito de ver las cosas. De todo lo que has dicho estos últimos 35 años en terapia, ¿qué hoy sí te está sirviendo a ti? ¿Y qué ha sido diferente cuando lo estás viviendo en tu propia carne?
Yo creo que la vida tiene un hilo conductor en la que uno va desarrollando sus mismos recursos, confirmando o cambiando o ajustando los propios valores, descubriendo y afianzando las competencias que uno tiene. Y los retos que la vida te presenta van haciendo que los despliegues, que veas cuál te sirve, cuál no te sirve y tal. Yo te diría, y yo creo que siendo terapeuta puede ser completamente negador también. Ahora, un buen terapeuta se trabaja, trabaja su persona, y hay talleres como tal además que te piden años de terapia personal, familia actual del terapeuta. Como terapeuta te tienes que trabajar porque si no puedes entrar en ciertos temas Y hay gente que dice: ¿cómo me va a ayudar si no es mamá? Perdón, no todo el mundo tiene que tener cáncer, ser mamá, haber ido a Hong Kong, haber perdido a alguien. La empatía y la experiencia de vida se acumula, te suma. Yo creo que mi profesión es de las pocas en que la edad, mientras conserves bien la cabeza, está a tu favor, porque mayor experiencia, pues mayor sabiduría. Pero no tengo que haber tenido un hijo con leucemia para poder trabajar, acompañar a una familia donde un hijo tiene leucemia. Entonces te diría que más que ser terapeuta, el ir trabajar, más que las herramientas que tiene uno como terapeuta, es el trabajo con la propia persona. Es la experiencia no solo vivida, acumulada y asimilada, porque uno puede bloquear experiencias, uno puede negar cosas que vivió, uno puede minimizar dolores. No, bueno, es que yo te puedo decir de trabajos con terapeutas que hemos hecho como equipo de terapeutas donde no, bueno, es que a mí que mi papá dejara a mi mamá no me importó porque pues la verdad es que mi mamá Dices, pues está raro, ¿no? Que tu mamá, ¿cómo le haces para engañarte de esa manera? O para capotearlo, pero no decir, me dolió, pero lo sobreviví de esta manera. Entonces yo creo que es realmente el trabajo con la propia persona y el ir asimilando, porque tú puedes vivir mil cosas y que te queden por allá. Yo conozco gente, y tú seguramente también, que ha vivido cosas que dices: y no, de veras, no se flexibiliza con sus hijos, no se vuelve más amoroso con su pareja, no le baja 3 rayas con sus colaboradores de trabajo. O sea, no, no, es una rigidez total. Y yo creo que la rigidez es la hermana de la patología. A mayor flexibilidad, mayor capacidad de incorporar nuevas actitudes, creencias, posibilidades. Y de responder mejor a la vida. Esa rigidez contundente, pues imagínate en algo que no se mueve, imagínate un cuerpo, un miembro, pues se estropea. ¿Por qué? Porque no permites la incorporación de nuevos conocimientos, de nuevos amores, de nuevos aprendizajes, etcétera, etcétera.
Ciertamente haberte trabajado te da esta flexibilidad, ¿no? Pero hay algo que durante tu tiempo como terapeuta, un consejo que diste recurrentemente y que hoy encuentras, ya viviendo esta experiencia que tal vez es la más dura o no que has vivido en tu vida, encontrás incompleto o incluso hasta falso?
Más que teoría que yo expusiera, creo que era una creencia, que todo se puede. Si sabes cómo y le echas ganas. Yo creo que hay cosas que no se pueden, y no te lo digo desde la derrota, el pesimismo. Hay cosas que no se pueden cambiar, hay cosas que son. Mucho aceptar características de otras personas, otras Aceptar que lo que hiciste, lo que dijiste, lo que dejaste de hacer dejó una impronta, dejó una huella. Puedes repararlo, matizarlo, actualizarlo, pero no lo puedes cerrar, no lo puedes negar, no lo puedes cambiar. Eso fue. Le puedes buscar otras interpretaciones, pero Creo que esa conciencia de, pues, yo crecí mucho, fíjate, con muchos privilegios, pero mucho en la cultura del esfuerzo, o sea, de trabaja, busca, trata, lucha, insiste. Y sí, me ha servido para muchas cosas, pero hay un momento en donde tengo que parar porque digo, ya no, no es por ahí. Y cuando veo a alguien que lo hace, me refleja esta cosa de qué insistencia, qué imprudencia, qué falta de respeto, qué necedad. No se puede todo, no se puede.
¿En qué momento te cayó ese veinte? Porque sí es un cambio muy, muy fuerte en tu manera de pensar.
A mí me cambió mucho la maternidad, y no desde el sueño de Bada. Para mí, la maternidad, con todo el romanticismo que le meten y todas las florecitas y el bla bla bla, Me cayó con una crudeza de, repito, ojalá mis hijos no lo vean. Yo creo que no todo mundo tiene la gran vocación de ser mamá y papá.
No necesitas, aventaste 4.
¿Qué tal? Para confirmar y confirmar y confirmar que pues como que la podía tener. Soy buena mamá, pero No es esa mamá. Nunca fui una mamá que disfrutara profundamente al bebé mientras no se movía. Si se empezaba a mover, y ya habría que perseguir, que cerrar, que poner, que, o sea, eso es algo que me hizo aceptar a un otro de este tamaño como un completo otro. Que interfería en mi vida y que me implicaba una respuesta de compromiso ante algo que yo no imaginaba. Sí, fíjate, nada más. Y 4, ¿por qué? Porque la creencia: qué bonitas las familias grandes. Y te voy a decir, puedo pensar yo, yo, nosotras somos 4 mujeres, yo tengo 4 hijos hombres, y confirmo qué bonitas las familias grandes, pero no todas las familias grandes son bonitas. O sea, realmente ha sido un trabajo y una construcción que valga la pena una familia así, con las diferencias que podemos tener. Pero yo creo que ahí, ahí fue mi primer golpazo de realidad. Golpazo de realidad. Tener a la criatura, verla, decir: ¿Por qué no se duerme otro rato? Ya estaba leyendo, ¿por qué? ¿Sabes? O por qué tuve, porque ese periodo de maternidad bajé a la mitad como mi trabajo de tiempo completo. Dije: 10 años voy a trabajar medio tiempo. Ok, se acabaron los 10 años. Eso era, y te imaginas, una explosión permanente, porque 4 criaturas donde el chico tenía 10 y el grande 18, pues era muchísimo trabajo. Y a mí se me había acabado, yo me había puesto esta cosa de 10 años. Difícil retomar la vida de tiempo completo y lo pude hacer, por suerte.
No sé si de esta voy a salir bien. Le voy a echar todas las ganas y me esforzaré por la mejor actitud sin importar lo que resulte. Es una filosofía pues muy, muy ecuánime, muy, muy tranquila. Y tú lo defines como optimismo realista. ¿Qué es el optimismo realista?
No negar la realidad. Pero abrirte a posibilidades que no imaginas, más positivas que negativas, porque hay gente que tiene un realismo pesimista. No, porque no me van a aceptar. No, porque no me va a gustar. No, porque no va a funcionar. Yo le pienso al revés, en el de cómo sí, ¿no? Y yo creo que es sin negar lo que hay y viviendo. Yo tenía un tío que era parapléjico y decía: cuando me cure. Yo decía: es que no se va a curar, o sea, ya tú sabes, y no se curó. Pero de veras él decía: ahora que me cure. Pues me parece que ese es un optimismo no realista. Dentro de la realidad, creo que, como te decía, se abren puertas de oportunidad. Y si vives en el negativismo Hijo, qué cansado, no. Ya la vida de por sí te pone sus puntapiés, te mete el pie. Ya tú, tú ponte problemas a ti misma, pues busca espacios donde veas salidas que no siempre serán como tú las imaginabas, pero que sí te dan posibilidades que quizás ni siquiera imaginabas.
Fíjate que aceptaste que no va a cambiar ¿Y qué decidiste que sí depende de ti?
No va a cambiar. Yo no me voy a curar, no me voy a curar. O sea, yo tengo un cáncer crónico, etapa 4. Entonces yo voy a vivir con cáncer toda mi vida, a veces más tranquilo, a veces más activo, pero eso es una aceptación, que no me voy a curar como mi tío creía que se iba a curar. Esa es una cosa que acepté, que no va a cambiar.
¿Qué sí depende de ti, hijo?
¿Qué sí depende de mí? Fíjate que yo siempre he sido nerd aplicada. Entonces los doctores me dicen: haz ejercicio 4 veces, 5 veces a la semana. 5 veces a la semana, porque si tú me dices 5 veces a la semana, lo voy a hacer 5 veces a la semana. O sea, soy obediente. Bueno, con que hagas 4 constante está bien. Si te sientes muy mal, haces 3. Entonces digo: a mí dime la verdad. Porque yo sí obedezco. Y creo que esa persistencia de no necesitar de entender el porqué, o sea, no va a cambiar que me voy a curar, pero sí puedo hacer una diferencia en mi calidad de vida haciendo muchas de las cosas que me piden. No te voy a decir todas porque me mandaron eso, ni siquiera me lo pidieron los doctores. Por ahí un hijo se emocionó con un tipo de dieta de no tomas nunca chocolate. O sea, qué tristeza, no me voy a alimentar diario de chocolate Pero sí me voy a echar algún chocolate o dos a lo largo de la semana, ¿me explico? Pero esas cosas lógicas que sí implican una disciplina, que sí tienen que ver con tu voluntad, y que crees que confirmo que sí hacen una diferencia. Porque yo siento mi energía, mi fuerza, mi estado anímico, mi tolerancia. O sea, pero creo que aquí es muy importante la fuerza física, ¿sabes? Sí, la emocional, pero la fuerza física real para subir, bajar, moverme, escribir, ir a la feria del libro, sabes. Y yo creo que eso sí hace una diferencia, y sí contribuyo yo con mis acciones, con mis decisiones y mis acciones, a que eso haga una diferencia.
Y esta filosofía, te dan el diagnóstico y llegas a ella de forma inmediata, es rápido. ¿Cómo fueron las etapas de Pues no sé si viviste algún tipo de luto por la vida que estabas dejando atrás, o cómo evoluciona alguien. Digo, llevas 2 años del diagnóstico, 22 meses, ¿cómo llegas a donde estás hoy?
Es que me da pena decirlo, pero haciendo lo mismo que hacía, te lo juro. Digo, atendiendo, sabes que digo, hijo, cómo me quita tiempo todo lo médico, porque aparte a mí me gusta mucho el porcentaje. Calculado por mí. Pero yo digo el 35% de mi tiempo, que podría ser escribir otro libro, leer más, viajar, ver una serie completita de jalón que se me antoja, hacer cosas por mi barrio. Me fascina comer, me fascina conocer los lugares nuevos con comidas distintas. Pues lo tengo que dedicar al tratamiento, 35%, porque entre las inmunos, entre las citas médicas, entre los estudios que me piden, entre los análisis que me tengo que sacar, entre las esperas que tengo que hacer, eso es lo que digo, uff, 30% de mi tiempo se lo tengo que dedicar a la enfermedad. Pero lo puedo pensar a mi salud, y como me reditúa porque me siento bien, pues me siento Mira, yo fui en un colegio que te tenías que portar bien y me reditúa. Creo que he tenido que perder el miedo a muchas cosas porque era muy miedosa. Y creo que hay ciertas cosas que si las haces bien sí te reditúan. Ahora, he sido una mujer sana en general. He comido bien, siempre he sido más o menos activa, he fumado por payasa, pero nunca me he comprado una cajetilla de cigarros. A veces me antojo un cigarro, no lo hago. Pero en general yo creo que uno cosecha, por eso la importancia de los cambios sostenidos a lo largo del tiempo, Oso. Porque hay gente que quiere cambiar como "hoy voy a cambiar", ¿no? Como esas canciones. Es difícil cambiar de un solo golpe. Se requieren hábitos para poder ir haciendo modificaciones y adaptaciones en la vida. Que vuelvo a repetir, te abran puertas que no imaginabas ni siquiera que ibas a visitar o no querías visitar. Pero yo creo que son la conciencia y los hábitos sostenidos, porque no solo es querer. Querer no es poder. O sea, uno puede querer cosas, pero cuánta gente quiere tener una casa tal, un tipo de cuerpo unos zapatos que le gustaron, un grupo de amigas. O sea, yo puedo querer muchas cosas, pero ir conquistando y consiguiendo con las cartas que me da la vida las cosas que me apasionan, que me gustan, que disfruto, que me hacen bien, pues requiere de una cierta estructura y de una serie de hábitos. A nadie le gusta pararse muy temprano. A mí no me gusta pararme temprano. Hay gente que le encanta ver el amanecer, a mí no. A mí Gustavo no viene muy tarde, me limito a decir ya son 11:30, ya vele bajando, ya ponte a leer, ya, ya no es hora de andar subiendo y bajando y acomodando clósets y leyendo cosas que nomás te van a dar cuerda en la cabeza. Yo creo que se requiere cierta disciplina, conciencia, pero cierta disciplina. Y hay gente en este mundo que se premia lo inmediato, cuesta posponer la gratificación. La gente no tolera las frustraciones. Y mira, brinco de tema, los papás, el niño llora, le dan agua porque tiene sed. Ay, perdón, de aquí a tu casa, si te hace, tú te aguantas, ¿no? O sea, no te voy a dejar en una jornada eterna sin darle unos traguillos al agua. Pero eso de satisfacer de inmediato gratificación no estructura como una cierta reciedumbre que se requiere no para atravesar un cáncer, Oso para atravesar la vida bien, porque la vida nos va a sorprender. Y no lo digo como un negativismo ni como una cosa de mal agüero. A ver, tú revisa, hay gente muy suertuda, gente muy fregada, pero pues a todos pierdes a alguien en la vida, cambias de trabajo, ocurre un sismo de Venezuela. O sea, la vida pues sorprende. Sorprende. No le tienes que echar muchas ganas para que te vaya mal. Vamos a vivir, eso es vivir, y por eso hay que aprender a vivir.
Tú hablas mucho de la vida, dices que no hablas de la enfermedad porque quieres enfocarte en la vida, y me gustaría retarte un poquito, Tere.
Llevas toda la vida dando terapias y mucho es detectar la evasión en tus pacientes, todos esos mecanismos de defensa que no te permiten ver lo que es y actuar.
A ver, esto que me estás diciendo, esta aceptación, ¿cómo sabes que es aceptación y no la evasión más elegante del mundo?
Porque yo creo que los mecanismos de defensa, y lo he vivido, producen ansiedad. O sea, hay un estado ansioso crónico en donde tienes que estarte echando tragos o teniendo sexo compulsivo o sobremedicándote, o corriendo 10, 20 kilómetros 3 veces al día. ¿Sí me explico? Necesitas tener acciones para controlar esa ansiedad que en un momento de silencio, que en una charla con alguien, se apodera de ti. Yo creo que la ansiedad de evasión, porque hay una ansiedad de transformación. Aprender a manejar, aventarte a hablar un nuevo idioma en un lugar en donde sabes que no lo dominas, este, dar una conferencia la primera vez que te paras ante un público, pues eso produce una ansiedad de transformación. Estarás de acuerdo, porque es incómodo. O sea, te pones nervioso porque vas a conquistar un territorio nuevo. Esa es la ansiedad de transformación. Si hay una ansiedad evasiva que la tienes, es persistente, permeante, incisiva, y la tienes que tapar. Y cada vez con más dosis de ejercicio, de medicamentos, de trabajo, de sexo. Y es como una picazón que de veras no te deja estar. Lo contrario de eso es la paz interna. A ver, no te digo que no haya momentos que me dé tristeza, no, la posibilidad de no ver a mis nietos, por ejemplo, que no tengo, que no me duela. Yo proyectaba, mi papá vivió 90 años, tengo 64, o sea, realmente es difícil. Que bajo estas circunstancias yo viva 90 años. O sea, no es imposible. Si yo 5, si vivo 10, ya es wow. Pues eso me duele todo, porque hay gente que yo sí disfruto, soy disfrutadora de la vida. Entonces digo, pues seguramente va a haber experiencias importantes en la vida de mis hijos, por ejemplo, en mis posibilidades con mi pareja, en conocer el mundo, porque yo me quería jubilar. Suerte que he podido seguir viajando, pero mucho de mi jubilación tenía que ver con poder viajar. Por ahí una amiga me puso Tere Millas en vez de Tere Días, porque pues sí, me gusta andar del tingo al tango. Y esas posibilidades limitadas o terminadas, pues sí digo no va a ser así, y eso pues produce un dolor. Pero el dolor es distinto a la ansiedad de la no aceptación, es una tristeza, y cuando la sientes te duele, te puede dar miedo, pero como que te atraviesa y se acomoda en otro lugar, pero te permite vivir. Y la ansiedad Evasiva te mantiene tapando esos hoyos para no sentir el malestar.
Ese primer live que haces anunciando tu enfermedad lo cierras con una frase que después repites en tu libro, del que vamos a hablar ahorita en un momentito, que dices: la calidad de nuestra vida depende de la calidad de nuestras relaciones. Con eso cierras el video y ya me hablaste mucho de la importancia de estos círculos de apoyo, de la familia, de la pareja. Pero, ¿cómo ha cambiado tu manera? Y de no querer tener un millón de amigos, ¿cómo ha cambiado tu manera de ver pues tus relaciones a raíz de tu diagnóstico? Tienes ahora pues la muerte más fresca o más de frente de lo que normalmente la gente la ve, ¿no? Tal vez eres más crítica con tus decisiones. Cuéntame cómo eso permea tus relaciones.
Fíjate que veníamos ayer de regreso del viaje preguntándome mi hijo y mi nuera eso. Y le decía, curiosamente dije, yo no voy a tener ya más amigos porque ya, y se burlan de mí porque Blanca, que es una amiga común y por eso te conozco, creo.
Blanca Juana.
Blanca Juana. Me invitó a un taller y hice buenas nuevas amigas.
Pues no, no, que este, que hicieron a Oaxaca, claro.
Sí, yo fui por Blanca porque dije, le confío a Blanca, Blanca es lista y Blanca es divertida. Pero ahí voy y todavía me dice, todavía me decía, si no quieres ir, no vayas, voy a hacer otro. ¿Qué crees? Nunca hizo otro, nunca volvió a hacer otro.
Me dijo Rosalina que se hicieron muy amigas de ese viaje.
Sí, sí, mira, Quiero a todas, pero tengo un grupo así difícil ya a mi edad. Yo digo gente brillante, gente divina, pero como ese grupo y todos hay gente con la que eres más compatible que con otra, entonces yo sentarme con alguien muy aburrido, lo voy a evitar. En una boda, en una reunión, en un tratamiento, evito desperdiciar mi tiempo con gente que, por las razones que quieras, sé que no hay contact. Y no te lo digo desde un juicio, no. Ya conozco a la persona, ya sé de su vida. O sea, si le echo ganas un ratito, tiene un problema, ahí estoy. Pero ya dedicarle tiempo a que no tengo mucho, a personas que en el momento o no saben escuchar, o te quieren dar consejos no pedidos, o tienen todos los ejemplos brillantes de lo que les ha salido bien para que tú los apliques. O sea, que realmente no escucha. No, no, porque yo tengo un juicio. Gente que te cae bien, hay gente que no te cae bien, de entrada, punto. Pues así somos. Pero bueno, en el tratar, cuánta gente que decías yo no tanto, puede ser que sí, pero hay gente que de veras, por las razones que gustes, no escucha, da consejos no pedidos, ella todo le sale bien, quiere que le obedezca. Esa gente yo evito, si se va a cruzar en mi vida, no sentarme junto a ella, si me explico. Y si se sienta junto a mí, pues ser educada, ser cordial, pero ya dedicarle tiempo a seres vivos de cualquier tipo, que es nada más necesitar. Lo evito.
Bajemos.
Se oye muy mamón, Oso, pero no sé cómo decirte. No sé si estás de acuerdo conmigo, es que hay gente que lo que quiere es convencerte de su punto, brillar. O sea, no hay un sabes qué, aquí está el meollo hablando contigo. No hay un genuino intercambio. Sabes, no hay una real escucha, recibir, devolver, elaborar, preguntar con curiosidad. No lo hay. Y eso que es mucha gente que quiere nada más hablar, lucirse, pues es aburrido, es cansado. No hay un intercambio. No tienes tiempo. Me gusta conectar, no. Pues para una conferencia voy a ver a alguien que dé una conferencia que me interese el tema de la conferencia. Ya si no voy a hablar yo o no voy a opinar, o no se me va a pedir mi punto, una conferencia. Pero estar en un lugar donde alguien da una conferencia y necesita un público, eso me da una hueva inmensa y lo evito.
Hablas del optimismo y de enfocarte en las cosas chiquitas de la vida. Suena increíble. No sé si es naturaleza tuya, no sé si son 30 y tantos años o más de trabajo propio, o no sé si es disciplina. O sea, ¿cómo se ve un día en el que sí el optimismo medio que flaquea y dejas que tu mente empiece a las 3 de la mañana a correr escenarios un poquito menos bonitos? ¿Cómo regresas? ¿Cuál es ese paso a paso?
Que fíjate que soy bastante práctica. Primero Si a las 3 de la mañana sigo así, me tomo una pastilla de melatonina o dos. O sea, sí, ya no sé si sirvan o no sirvan, pero yo siento que me sirven. O sea, no voy a estar dándole vueltas, ya no puedo, porque aparte tengo una mente, como mi estructura es obsesiva, rumiante. Entonces, si ya no me la puedo parar yo sola, me siento, fíjate, cambio cosas con, cambio cositas concretas. Como que me siento, me recuesto, cambio postura de estar así como, como quesadilla, me tomo una melatonina o dos. O sea, soy muy práctica de hacer acciones pequeñas que muevan algo para que el resultado sea un poquito diferente. O sea, es un hecho que si te la pasas, a veces prendo una lucecita, a veces leo un rato. Eso con lo de las 3 de la mañana. Y yo creo que sí, pequeñas acciones que muevan, que perturben un poco algo ciclado, puede meter un ritmo distinto a una conversación, a un mal sueño, a un mal día. Y te voy a decir, y hay momentos en que toca decir, qué pesadilla, o sea, qué mal, todo mal, porque días muy atropellados, no sale, no llega, se poncha la llanta del coche, te dejan plantada. O sea, hay días que sí dices todo mal, pero no son todos los días. O sea, si te pones a ver, no son todos los días. Y te voy a decir algo que uso mucho, es el sentido del humor. Yo misma estoy pensando, por ejemplo, hoy que voy a comer con mis hermanas, que eso sí lo heredamos. Creo que se hereda o se aprende. No sé, mi papá era muy simpático. No sé qué factores entran en juego, porque para mí divertirse es importante, o sea, reírse me parece maravilloso. Pero entonces yo sola empiezo a armar la historia, cómo la voy a contar, a veces dramática. A veces la cuento y se ríe una hermana que me conoce, me dice, pero es que eso no es de risa. Le dice a alguien, oye, pero es que eso no es de risa. Pero es que ya lo está contando. O sea, yo disfruto anticipadamente de generar una historia que sé que nos vamos a reír. Creo que el sentido del humor de veras juega un factor muy importante. Yo me acuerdo que mi papá recibía esta colección del Reader's Digest que siempre traía un artículo que se llamaba La risa, remedio infalible, y nos contaba, nos leía esas anécdotas. Y yo creo que eso sí lo aprendí de mi papá, no sé si lo heredé. Muy, la gente le decía a mi mamá, mi papá podría ser durísimo, necio, terco, impositivo, pero era sumamente agradable, de veras divertido, chistoso, ocurrente y atinado. Y le decían a mi mamá, oye, qué divertido. Mi papá se llamaba Luis. Qué divertido ha de ser vivir con Luis. Era muy cansado vivir con Luis. Y mi mamá, más divertidísimo. Pero no sé si lo heredas, lo aprendes, pero aligera deliciosamente la vida es que tomarse todo tan en serio. Sí siento que es muy cansado, o sea, y no es que minimices la importancia ni el efecto, pero hay una ligereza que te permite atravesar la vida aún en momentos caóticos diferente. Aquí no te diría, no te sabría yo decir Creo que es un elemento de la resiliencia y creo que es algo que si no lo traes muy naturalmente, pues puedes verlo y puedes desarrollarlo. Todos nos reímos de lo mismo. Hay gente que le dan risa los pastelazos, que parecen aburridísimos esas películas de pastelazos, pero yo creo que el sentido del humor es un factor esencial.
Te hablabas de tu dieta, ¿no? Y que tu hijo te había traído una dieta muy estricta. Y yo he escuchado y he pensado, a ver, si yo me enfermara de algún tipo de estas enfermedades, ¿qué haría? No, además de ir a los doctores y los tratamientos, ¿qué cambiaría yo en mi vida? Tú has hecho alguno de estos cambios. No sé, se habla que para el cáncer podrías dejar el azúcar. Este, ya eras muy activa, meterte al sauna y a los hielos. ¿Has cambiado algo de esto?
He integrado a mis rutinas acciones como que concierta un tipo de dieta. ¿Qué?
¿Cómo comes hoy?
Pues es que yo podría— le he bajado al azúcar mucho, mucho, mucho. Lo frito ya no me gustaba. ¿Para qué te invento? Pues yo creo que un cambio importante es el azúcar, muy importante, porque yo sí era muy dulcera, heladera, pastelera. Pies, chocolates. Eso, eso lo tengo bastante medido. He aumentado el comer cosas naturales, hojas verdes, ensaladas. No soy la más ensaladera y disfruto. Fíjate que he aprendido a Peter Seleda, la cocina de más, cómo combinar cosas y a disfrutar cosas frescas. Lo he aprendido a disfrutar y hacer de esa comida un gusto. Eso como hábito. El ejercicio integrado, porque el tratamiento va contra el músculo. Entonces yo ya hacía rutinas de ejercicio, pero integrado, cosas de fuerza, pesitas. No, no creas que el gimnasio, la— pero sí pesas, pesitas, que yo veo que van haciendo una— es que mira, ese es el ejemplo vivo. Hacer rutinas diarias, o al menos 4 o 5 veces a la semana, Pues sí fortalecen y yo noto, noto como el músculo es golpeado por el tratamiento y sin embargo no he tenido fracturas, no me caí. O sea, me siento con fuerza, me siento con fuerza para sentarme de cuclillas, para, si me explico, cargar mi maleta. Eso, ejercicios de fuerza, este, dosificar conversaciones y temas que de plano no, o sea, gente quejosa que de repente la escuchabas, no. No, ya quejas que ni va a cambiar, o sea, ya sabes que ya elegiste, ya, ya bajarle. ¿Qué más he hecho diferente? Pues poner más foco e intensidad a lo que era mi proyecto de jubilación, ¿no? Que es a viajar, por ejemplo, a rentar una casilla en Tepoztlán. Me voy a Tepoztlán O sea, ver la piedra esa, porque a mí como que lo desértico me gusta, es algo que me fascina.
¿Algún tratamiento más alternativo?
Sí, he hecho algunas cosas. Me hicieron un tipo de lavados que para limpiar el intestino, quitar el azúcar, he ido a algún tratamiento de imanes, pero lo hago Fui con una chamana que me recomendó una amiga. Con ella voy con cada cierto tiempo. ¿Y qué hace? Ella no sé qué hace porque yo cierro mis ojos. Tú la ves en la calle y no te das cuenta que es una chamana, pero ella trabaja con energía. Entonces te hace una serie de ejercicios, luego te manda repetir algunas afirmaciones, hacer algunas visualizaciones, y cada tanto voy como alineación y balanceo. Y creo, siendo que yo no soy ni esotérica ni trabajo, o sea, no es mi campo de trabajo, creo en él, que tiene un efecto en mí.
¿Qué sientes?
Como si de verdad me hiciera una alineación y balanceo, una limpieza, una limpia como le dicen algunos, como que ajusta mis energías. Me siento— ¿Sabes qué es lo que siento? Y creo que eso es lo que llama la atención, que después de 2 años sostengo la energía. O sea, de 2 años y miles de tratamientos, se acaban de radiarme, hace un mes terminé mis radiaciones, sostengo la energía. Uno, la capacidad de ejecutar, el disfrute y como la motivación, ¿no? La mirada al futuro, al futuro acortado. Fíjate, yo planeaba primero de 5 a 10 años, o sea, hablándote de mis 30, siempre he sido muy planeadora. Luego le bajé a los 5 y ahora planeo pet por pet. Me hacen cada 4 meses un pet donde No hay engaños. Entonces, dependiendo de lo que ocurra, yo planeo, porque yo sé que o me van a dar un tratamiento, eso me va a implicar pues tenerme que guardar o tener que atender más citas de las esperadas, o poder planear ciertas cosas. Ojo, yo cada 3 semanas me enchufo porque yo tengo aquí mi catéter, o sea que eso también me limita. Hago una planeación de 4 meses y de 3 semanas, pero eso me da una sensación de agencia personal porque es realista en lo que me informan, en los tiempos de los que dispongo. Y bueno, la energía que tengo puede pasar algo momentáneamente que me desinfle, pero yo lo experimento ahí. Y que me permite pues planear y actuar. Pero sí, sí se acortan las, sí se acorta. O sea, cuando alguien me dice, oye, es que dentro este, porque ven, te vamos a invertir en este terreno a 10 años, digo, a 10 años, o sea, cómo te diré, es como decir el país del nunca jamás. O sea, mi cabeza no, no, no visualiza 10 años. Nublado. No, no se puede imaginar a la gente y lo que pasa. Pero yo en 10 años, que 74, perdón, mucha gente, de veras no, no lo puedo visualizar. Ahorita vamos en que ya se acerca la Navidad, por ahí hasta ahí llegó.
El sufrimiento enseña, o eso es algo que nos contamos los que sobrevivimos.
Yo creo que depende de uno. Hay gente que se amarga, se amarga mucho, mucho, mucho, mucho. Culpa, se deprime. Tienes las dos posibilidades, de que valores, aprecies, vivas el presente, agradezcas, disfrutes, o de que te amargues. Mira, yo te voy a decir algo. A mí simplemente el hecho, fíjate con qué cosas uno, la mente, porque yo no voy a decir que la mente no te ayude a jugar, y ya te lo dije, lo voy a repetir, pensar que a mi edad mi mamá llevaba 16 años muerta, a mi edad, como siempre fue un parámetro su muerte porque fue muy fuerte. Desde 6 años muerta, 21 enferma, o sea, a mi edad. Eso me hace dar gracias de veras de la edad de mis hijos, de la satisfacción profesional y de vida. Te voy a decir algo, yo creo que vivir bien facilita morir bien porque Cuando vives haciendo lo que no quieres con la gente que no aprecias, porque estoy escribiendo un artículo que me pidieron que se llama El divorcio es cosa de valientes, en una relación que no te suma, en un trabajo que te drena, y que no todo el mundo tiene muchas opciones de acción porque a veces pensando en los trabajos pues está la cosa difícil, no te puedes arriesgar a dejar algo si no tienes algo que de veras te permita resolver el día a día. Pero yo creo que ir tomando elecciones desde la conciencia, el deseo, poderlas llevar a cabo e ir construyendo la vida que quieres, también te facilita soltarla. Porque llegar a una edad en donde dices eso, no estuve con quien quise, nunca hice, le di gusto a todos, 'Yo nunca pude, dije que iba y no lo hice, nunca pude conocer'. Pues es que eso sí te debe de hacer sentir muy frustrado, ¿no? Y yo creo que esa inmensa frustración que genera amargura te impide soltar con un poco más de facilidad, ¿no? Mira, lo que más me duele, mucho me duele, el dolor y la incertidumbre que genera en mi gente más cercana, mis hijos, mi pareja, mis hermanas, algunas amigas. Porque yo he vivido lo que es ese sufrir de ver a alguien pasarla mal y saber que la puedes perder. Y es muy feo, ¿no? Porque yo creo que por eso mis papás querían dorarnos la píldora, como decían en en aquel entonces, que tampoco ayuda. Pero eso es feo, saber que genera un espacio, un contexto pues de alerta, ¿no? Porque yo no voy sola a estos PETs, estos análisis. Hay una expectativa permanente que te dijeron: ¿cómo estás? Y pues eso se tiene que aprender a vivir con el Oso. Pero sí genera dolor, sí genera incertidumbre. No quisieras que lo vivieran. Las personas a las que amas, no.
Este libro, Encuentra tu Norte Emocional, esto lo escribiste antes de tu diagnóstico.
Antes, durante y después.
Antes, durante, se publicó después, se publicó después, claro. A ver, es un, dice, Encuentra tu Norte Emocional, reconcíliate con tu pasado y avanza hacia un destino más libre. Me lo eché Está subrayado, que aplica, suena como, como una guía para de todas estas cosas que aprendemos con la edad, que tú dijiste, me lo acabas de decir, no, o sea, deja de darle gusto a la gente. ¿Cómo lo resumirías en una palabra? Es como que te valga, no, o sea, este, sé tú, acéptate. Cuéntame un poquito qué hay detrás de este libro.
Fíjate que este libro, a diferencia de todos los demás que tienen una historia o desarrollan un tema de principio a fin y le dan la vuelta, ¿no?
Es un manual completo de mil cosas.
Este lo puedes agarrar por donde quieras porque tiene temas distintos. Es el más grueso de mis libros, fíjate, es el más gordito porque abarca 14 temas en donde le das la vuelta a un tema que ha atravesado mi vida de alguna manera, que me ha sido significativo, y cómo lo he vivido o lo he desarrollado o lo he mejorado o la he regado yo. Por ejemplo, hay un capítulo sobre la amistad y es desde cómo vivo la amistad, qué creo de la amistad, qué me ha significado, qué no es para mí amistad. Y como que lees ese capítulo y lo cierras. Creo que tiene la ventaja de que tú puedes decir, a ver, yo quiero leer este capítulo porque yo estoy atorada Y que sigo buscando a mi príncipe azul. Sí tiene dos capítulos del amor, pero no son abordados como he tratado la mayoría de los otros libros. En la mayoría de los otros libros, el tema del amor. Hay otro ejemplo sobre el dinero, tema poco, poco manejado. Y sobre todo las mujeres creen que es como una cosa de mal gusto y que es cosa de hombres. O sea, todavía hay esas ideas. Todavía conozco mujeres que ganan dinero y hacen que las parejas se los administren y les tienen luego que volver a pedir. Dijo: qué ganas de seguir pidiendo. Como temas, te diría, medulares, que de distinta manera, antes o después, a todos nos atraviesan en la vida, como una forma de entenderlos, revisarlos, abordarlos y decidir en la propia vida cómo quieres acomodar esa área particular. Está el dinero, está la amistad, está construir amores que no existen, no esperar al príncipe azul. No sé si alguno a ti te hizo—
me llamaron mucho la atención una frase: sentimos una vergüenza e incomodidad por mostrarnos como somos debido al temor de ser diferentes y de no ser normales. Y tú abres el libro y creo que en la primera, segunda página dice: yo no soy normal.
Sí, seré normal. Fíjate qué interesante es A lo largo del tiempo uno quiere encajar, quiere ser aceptado, quiere no destacar por ciertas diferencias. Y yo creo que todos podemos recordar a esa compañera de la escuela que, qué raro, que se ponía a leer en los recreos ahí sola, ya leyendo. Qué rara, no, porque era la rara. Y yo creo que en ese afán de sobreadaptarnos, porque uno se tiene que adaptar a ciertas cosas. No puedes vivir como un rebelde sin causa, o vete ahí tú solo y arma tu vida, no. Pero si uno quiere vivir en sociedad, se tiene que adaptar, pero no sobreadaptar. Y yo creo que eso es aceptar que todos de alguna manera tenemos ciertas características que quizás se salen de la norma, lo digo entre comillas, porque a todos seguro nos atraviesa alguna cosa que dices: si la gente lo supiera, qué pena, ¿no? Ojalá y no se den cuenta. Y luego te das cuenta que muchos viven o tienen algo parecido, o que eso te hace un distintivo. Y creo que aceptar ese margen de normalidad amplio, diverso, que se transforma con respecto a la sociedad en la que vives, porque aquí es normal hacer unas cosas y en la sierra otras, y en Bélgica seguramente otras, ¿no? Ya no te digo en otros países orientales. Creo que es un trabajo personal que te permite estar cómoda con la persona que eres y más bien desarrollar lo que sí hay y no vivir tratando de tapar lo que crees que es raro.
Tocas en varios momentos el tema de la autoestima, y a mí es un tema que, sobre todo teniendo hijos de 10 y 11 años, me interesa mucho. ¿Qué es la autoestima desde tu punto de vista?
Fíjate que creo que un tema tan taquillero, tan psicologizado, tan actual, se banaliza pensando que es solo quererte. Y para mí hay dos componentes importantes que son la autocompetencia, que implica reconocer mis recursos, saber qué me falla y exponenciar lo que sí tengo, tratando de aumentar y desarrollar, porque uno a veces, pasado el tiempo, se da cuenta que sí tiene una habilidad que o no te favorecieron en tu casa o no era un valor, y es aumentar ese ramillete, ¿no? De competencias, de recursos que te permiten actuar, intervenir, resolver, cuestionar. Y yo creo que es desde ahí donde genuinamente te sabes valioso. Sí creo que la autoestima tiene un componente que viene mucho de haberte sentido amado y visto con respeto. O sea, te facilita mucho la experiencia de ser digno, o sea, merecedor. Porque hay gente que le va bien, pero no quiere gastarlo, no quiere explotarlo, no quiere decirlo, como si se sintiera un impostor. En eso que la vida le ha ido dando o que se ha ganado personalmente. Y eso tiene que ver con el sentimiento, que es el otro componente de la autoestima, de autodignidad, de merecimiento. Y creo que, reitero, se facilita mucho una mirada temprana, respetuosa y amorosa, pero el tiempo y el trabajar estos recursos propios y disfrutar la cosecha de usarlos te permite empezarte a mirar así, con dignidad y con una experiencia de merecimiento. Serían autocompetencia, autodignidad y merecimiento.
Lo tocaste hace un momento, pero hablabas de ser la mujer que todo lo puede, de estar súper cansada al mismo tiempo. Y tú, pues, toda tu vida fuiste la cuidadora y hoy pues tienes el 35% de tu tiempo en el que estás siendo la cuidada. ¿Cómo vives eso?
Fíjate que con agradecimiento y con una capacidad de soltar y recibir. Ese capítulo que menciona se llama Superwoman y Súper Cansada. Creo que ahora las mujeres, para llegar a un lugar que podemos llegar, el tema del género nos hace que vayamos un poquito contracorriente. O sea, todavía la subida está difícil porque hay espacios, hay lugares donde dudan. Pero como yo he oído mujeres que dicen, como el piloto es la piloto, qué miedo que una mujer maneje un avión. Sí me entiendes, todavía mujeres mismas tenemos temores de ciertas cosas de nosotras. Entonces yo creo que el ir creciendo y navegando contracorriente implica muchas veces una energía que desgasta. Creo que poder llegar a un punto donde dices esto es suficiente, esto está bien, esto así está bien, esto hoy toca, y parar, y parar de acuerdo a tus cánones de lo que era parar y no hacer nada, te permite descubrir otras cosas cosechar cosas que sembraste y observar desde un lugar que es activo, desde el silencio y el estar. Y se descubren otras cosas y también son disfrutables.
Uno de los últimos capítulos habla de la felicidad y haces varias preguntas: ¿existe la felicidad?
Fíjate que yo creo que vivimos en un mundo en el que, después de que los hijos estuvieron tan traumados y los papás tan acotados, y el objetivo es ser feliz, pero ¿qué es ser feliz? Porque si no, uno puede arrancarse en busca de una felicidad que de veras no existe. Y yo en ese capítulo hablo de la dicha posible. Yo creo que La felicidad se construye con momentos satisfactorios, reconfortantes, placenteros, divertidos, que hilvanados van generando una experiencia de bienestar, de contento. Pero ese estado permanente, exaltado, de todo bien, que muchas veces es evasivo, creo que no existe. O sea, Creo que esa felicidad absoluta, que muchas veces la ponemos en cosas, en logros, en personas, que pueden sumarnos a esa dicha posible, claro, pero que no son el objetivo último, ¿no? Y hay gente que dice: cuando logre esto, tal, cuando tenga mi casa, cuando me den este trabajo, cuando se cure mi hijo, cuando me cure yo, cuando vi, cuando conozca Canadá. O sea, se pone ideas ahí de entonces voy a ser feliz. Tú no me dejarás mentir que cuando pensábamos así y pasaba eso, luego venía otro reto, otra dificultad, otro desengaño, otra normalidad. Entonces yo creo que entender que uno va bordando a través de experiencias sostenidas que se hilvanan de buenos momentos, de logros, de compañías agradables, de triunfos, de descubrimientos. Esa dicha y ese bienestar realista te permite vivir bien. Ir en busca del sueño imposible y de la meta, pues llegarás y tampoco te va a dar la felicidad. Te dará alguna satisfacción, pero esa felicidad total, yo digo que no existe, y no está mal. Se puede vivir muy bien, bastante dichoso, bastante agradable, divertido, en paz, ilvanando todo, todo eso que sí genera al final placer, ¿no? Satisfacción.
Regresemos un poquito al viaje que hiciste ahora con uno de tus hijos. Y dices que cosas que a veces en el día a día no se pueden platicar. Y yo me acuerdo, después de que a mi mamá le dio un infarto, tuvimos la entrevista aquí, empezamos a hacer estos viajes, y hemos tenido pláticas que tal vez antes de esa situación no se hubieran dado. ¿Qué conversaciones has podido tener con tus hijos a raíz de tu diagnóstico que tal vez antes no se hubieran podido dar?
Fíjate que yo creo que una, y porque son adultos jóvenes, conversaciones profundas sobre la vida de pareja en la que ellos se abren, fíjate, a lo que están viviendo Que de distinta manera cada uno está buscando construir lo que tiene la vocación, sobre todo 3 de pareja, otros no sé tanto, de abrirse a cosas que normalmente no hablan con las mamás. Pues eso me da satisfacción, uno, porque creo que sé, o sea, creo que es algo que ha sido mi campo de trabajo. Que demuestra un reconocimiento de parte de ellos y sobre todo una confianza, ¿no? De decir algo en donde están involucradas sus parejas sabiendo que yo sabré mantener esa información, sabré cuidar a la pareja. Eso es un reconocimiento, es una conversación entre adultos, no del hijo con la mamá. Eso ha sido algo especial. El hablar de la muerte también, sobre todo uno de ellos que trabaja mucho desde esta psicología transpersonal existencial, como que lo, como que ha sido parte de su trabajo de estudio y de vida. Sobre eso, sobre eso, y sobre la muerte en general, y sobre mi muerte en particular. Creo que ya tenía un camino andado en cosas que quería, acuerdos sobre mis cosas, las cosas que tengo, no son muchas, pero he ido haciendo un pequeño patrimonio sobre mi relación con Peter y cómo quiero que cuando yo no esté, el qué lugar forme, si él quiere, en la familia. Esas conversaciones filosóficas y también aterrizadas sobre asuntos de cómo hacer. Fíjate que mi mamá, con eso de que no se hablaban esas cosas, como que no pudo despedirse bien, no pudo hacer un testamento como pensado. Y eso me parece que fue muy duro, ¿no? Nos hubiera gustado saber qué quería, cómo lo veía, pero no. Entonces, conversaciones sobre eso, sobre la muerte y sobre cómo quiero cosas concretas. Después de mi muerte.
Hace 2 años, para cerrar el episodio, te pregunté sobre la frase que escribirías en el cielo y me dijiste: vayan a terapia. Hoy, si te la pudiera volver a hacer, si pudieras escribir un mensaje en el cielo para que millones de personas lo vieran, ¿qué dirías?
Diría algo que ya dijimos, que es: la vida es difícil, pero si la agarras por los cuernos, siempre es generosa. Y eso se aprende de alguna manera también en terapia.
Muchísimas gracias por estar aquí, por haberte felicidades por el nuevo libro.
Aquí está, Encuentra tu Norte Emocional, sí, de Editorial Planeta, Planeta, con el sello de Diana.
Eres una crack, me encanta tenerte cerca, hablamos frecuentemente y espero que nos queden muchas, muchas pláticas más. ¿Dónde puede la gente seguir lo que estás haciendo, saber tus nuevos libros, los programas que das? No sé si sigas dando consulta.
Sí, la verdad, mira, sobre todo he abierto un equipo, se ha formado, he construido un equipo con 130 terapeutas.
Eso lo hablamos la vez pasada.
Que se llama Psicoterapia La Montaña, sigue operando. Me fascina encontrar gente ahora en el viaje. Yo voy con no sé quién de La Montaña, o sea que la gente confía en la calidad del trabajo que hacen los terapeutas especializados en distintos estas áreas. Entonces puedes encontrar Psicoterapia La Montaña en todas las plataformas y en todas las redes y en todas esas cosas. O Tere Díaz, me puedes encontrar como Tere Díaz Psicoterapeuta, Tere Díaz Sendra, te dicen que es Tere Díaz Sendra abreviado, y ahí encontrarás toda la información de lo que estoy haciendo, de cursos, de cursos online, de programas, de terapias, de asesorías, Y pues de todo lo que sigue marchando con mis, con mi equipo de terapeutas y conmigo.
Ya nada más te falta tu blog de viajes.
Fíjate que sí, sí, pero a ver si a alguien le interesa. No creo. Bueno, a lo mejor sí, ¿verdad? Ay, no sé. Mira, te digo algo chismoso. Una vez alguien que le dije estoy en, no me acuerdo dónde estaba, como que se resintió, así de, oye, pues que no todo mundo puede hacer lo que tú haces, ¿no? Entonces yo, como vengo de una escuela de Mohács, luego confundo el compartir con la presunción. Quizás ese es un trabajo que me falta por hacer. Compartir no es presumir, ¿no? Y yo creo que sí hay privilegios que uno tiene y no todos empezamos igual, pero Conozco mucha gente muy privilegiada que se quemó todo y que no supo dar fruto de aquello que recibió también, ¿no? Y yo creo que para eso el trabajo siempre es una garantía, para que lo que hay se reproduzca o sea más productivo y conseguir algunas cosas que no hay.
Pues muchas gracias por estar aquí nuevamente.
Gracias a ti, Oso Trava.
Muchas gracias por escuchar este episodio. Y antes de irme, no olvides que si quieres recibir un correo muy corto pero cargado de valor de mi parte todos los días, de lunes a viernes, puedes registrarte para recibir Oso Trava Daily. Todos los días estaré compartiendo alguna noticia, alguna lección, alguna herramienta que pueden ayudarte a ti a mejorar tu negocio, a crecer tu empresa, a ser más productivo y a tener una vida más plena en general. Así que si no te quieres perder de esta información cargada de valor para ti, simplemente ve a cracks.la diagonal correo. Déjame tu mail y muy pronto voy a estar en tu inbox. Eso es todo por hoy. Yo soy Oso Trava y espero que tengas una semana de cracks.










