TESTIMONIO de la PÉRDIDA de un HIJO | EVA MARCUSCHAMER | CRACKS PODCAST #342

Psychologist Eva Marcuschamer talks about her son Daniel's suicide and what she learned from his death. Daniel jumped from a 20th floor on February 13. She discusses the warning signs she missed, her guilt, and how she rebuilt her life through therapy and understanding mental illness.
Chapters
Los quiero mucho, pero me quiero más yo Ahí se me acabó el mundo. Le hablé por teléfono y ya no contestaba, ya estaba apagado su celular. Él ya se había aventado de un 20 piso, ya no había nada que hacer. Yo no le no lo hagas. Le entiende, ¿Sabes lo que voy a sufrir? Lo que puede ser mi vida sin ti. Nadie me creía, ni su psiquiatra. ¿Sabes qué? ¿Sentirte loca, que nadie te puede apoyar porque? Porque nadie te cree. Yo era la única que sabía que lo iba a hacer Y es cuando te das cuenta que no puedes salvar a nadie. Todos tenemos este opresor que te dice esto está bien y esto está mal y el opresor es el que te dice todo el tiempo está mal, esto está mal y te hace sentir culpable y te hace sentir disminuido y te dice lo poco que eres. Valiente es poder vivir con el dolor y decidir vivir con él y a pesar de él. Porque el dolor es una gran enseñanza. Aprendí que tengo una parte oscurísima, incognoscible que me puede detener. Conocí mi deseo a morir. Conocí la verdadera soledad. No quiero que me entiendan. No quiero que nadie pase por esto.
Hola y bienvenidos a un nuevo episodio de Cracks Podcast. Yo soy Osatraba y entrevisto cada semana a las mentes más brillantes para dejarte algo único y práctico que puedas usar en tu vida diaria. Hoy tengo que darte una pequeña advertencia antes de empezar este episodio porque es un episodio que toca un tema sumamente delicado, un tema con mensajes que vienen desde una experiencia sumamente dolorosa y que para cualquier persona que lo escuche puede pegar diferente. Así que si tú eres alguien que está pasando un momento difícil, que necesita ayuda o que está teniendo pensamientos fatalísticos o contemplando la posibilidad de terminar con tu vida, por favor busca ayuda. Y al final de esta introducción te voy a dejar algunos números que te puedan ayudar. Mi invitada de hoy es Eva Markushammer, la puedes encontrar en Instagram como amarcushammer. Eva es psicóloga, psicoanalista y ex guía Montessori. Autora de seis libros, incluyendo La otra vida de Daniel, donde narra con valentía el suicidio de su hijo y es cocreadora del podcast Calladitas No, Un espacio donde rompe silencios incómodos con una voz sabia, honesta y profundamente humana. Durante más de 40 años, Eva ha acompañado a madres niños, adolescentes y adultos en procesos de transformación emocional. Pero en esta conversación se voltea la silla. Hablamos de culpa, de resiliencia, de autoconocimiento, de envejecimiento y amor incondicional desde la experiencia más la pérdida. Si alguna vez te has sentido rebasado por el dolor, confundido por el rol de ser padre o simplemente perdido en tu propio camino, esta entrevista tiene algo que decirte. Y si tú o alguien que conoces está experimentando momentos difíciles y contemplando la posibilidad de terminar con tu vida, busca ayuda profesional de inmediato y contacta al 911 o a tu número local de emergencias. Para ayuda psicológica en México, por favor comunícate al o al 55 56 58 11 11. Y en los Estados Unidos, llama o envía un mensaje de texto al 988 para comunicarte con la Línea de Prevención del Suicidio y Crisis. Así que espero que encuentres de utilidad esta entrevista con Eva Markus Schamber. Bienvenida a Cracks Podcast.
Gracias, gracias por la invitación. Me siento muy honrada de estar aquí contigo.
Oye, eres una persona que te has reinventado muchas, muchas veces en la vida. Hoy tienes que 66. 66 66. Eres una recién estrenada podcaster. Vamos a platicar de eso más adelante. Vamos a platicar de muchas cosas que creo que no se platican muy abiertamente. Este es un episodio que pues va a generar, yo creo que opiniones encontradas porque toca temas muy sensibles. Y yo te quiero agradecer de antemano tu apertura y vulnerabilidad para tratar lo que muchos preferimos olvidar antes de entrarle a estos temas más, más densos. Vamos a decirle. Quiero empezar entendiendo un poquito más de ti, porque a tus 66 años dices que lo que te mueve es aprender. Y supe que hace poco tiempo en un viaje a Ámsterdam, tus amigas aprendieron de ti algo que no sabes hacer, que es andar en bici.
Sí. ¿Que investigaste? Empiezo por decirte que soy la sexta hija. Sí. Después de mi hermano que, o sea, el penúltimo. Casi siete años de diferencia. Entonces yo no aprendí nada más que observarlos crecer. Y nadie me enseñó a andar en bicicleta. Y todavía es el día que no se anda en bici. Tengo recuerdo, el papá de una amiga intentó conmigo me dejaba en una subidita y tenía yo que hacer eso, pero era un miedo espantoso, espantoso. Entonces nunca aprendí.
Tú escribes un primer libro, o sea, después de tener toda esta experiencia, primero como maestra Montessori, después dando psicoterapia, dando cursos en empresas, te clavas mucho en esta etapa de la adolescencia. Más adelante hablaremos de de tu último libro La otra vida de Daniel y pero en este libro hablas de que en la adolescencia tienes dos elecciones importantes que hacer, qué vas a estudiar o tu carrera y tu identidad sexual. Tú en el 97 publicaste el primer libro en México sobre orientación vocacional. 99.
Fíjate, lo terminé de escribir en el 97 y durante dos años lo tuve que presentar porque nadie creía en ese proyecto, no sabían que era orientación vocacional.
¿Por qué sentiste tú la urgencia de hablar de ese tema y qué es lo que descubriste en ese proceso?
Bueno, la urgencia era porque no sabían de este tema, no había un espacio en ninguna escuela que diera un curso de orientación vocacional. ¿Cómo me entero de esto? ¿Porque me invitan a trabajar en una escuela dando orientación, no vocacional, sino orientación, y entonces dije orientación de qué? ¿De qué les voy a hablar? Y me doy cuenta, llego y veo, estoy platicando con el director de la escuela y con el psicólogo y me doy cuenta que no existe la orientación vocacional y me voy a buscar libros sobre orientación vocacional y no existe ninguno sobre orientación vocacional, ninguno. Increíble, era increíble, me parecía increíble que esta escuela pionera quería dar un curso de orientación vocacional, pero no sabía ni cómo, ni de dónde, ni a partir de qué, ni qué necesitaban los chicos. Coincide con que una maestra de la Ibero está llegando París de haber estudiado orientación vocacional y por mi curiosidad también me invita a trabajar como adjunta. Esta es mi segunda maestra, gran maestra, y empiezo con ella a dar la clase de orientación vocacional para los alumnos de prepa y así me buscan de esta otra escuela y me doy cuenta que no hay el libro, me empiezo, me pongo a escribirlo, no hay. Bueno, pues hay que hacerlo.
¿Qué aprendiste de los adolescentes en esa época y sobre todo en las décadas que han seguido? Porque creo que sigue siendo una de las etapas de la vida menos comprendidas y aunque todos pasamos ya por ellas, creo que cuando los adolescentes están, no somos nosotros, menos los entendemos.
Empezar porque mi adolescencia fue muy turbulenta. Mi propia adolescencia era yo diferente. Desde los 10 años empecé a leer, a leer ávidamente gracias a la biblioteca del papá de una amiga. Me llevaba los libros, se los pedía a escondidas y leía, leía y leía y me sentía bastante incomprendida. Cuando empiezo a estudiar psicología y empiezo a leer un poco más buenos libros sobre la emocionalidad del adolescente, empiezo a entender un montón de cosas y conecto con mi adolescencia para poder transmitirles a ellos la necesidad de conocerte a ti mismo. Porque creo que eso es nuestro gran conflicto en la adolescencia. No nos conocemos. No nos conocemos. Tenemos muchas preguntas, pero no sabemos ni siquiera hacernos las preguntas correctas. ¿Por qué? Porque estamos confundidos. Hay un montón de cosas que nos están pasando. Por un lado es lo físico, lo emocional, lo social. Es demasiado la presión social. Yo sentía muchísima presión social. ¿Creciendo? Sí. ¿Por qué? Porque era diferente, porque me gustaba leer, porque me era muy fácil estudiar. La escuela me era fácil sí no representaba un reto. Pero todo lo que leía me daba vueltas la cabeza. Yo leí todo lo que usted quiere saber sobre el sexo, pero temía preguntar. Cuando tenía como 13 años, ¿Qué haces tú con esa información? Ese fue mi primer libro. Me acuerdo que se lo pedí a mi mamá que me lo comprara y ella entendió. En lugar de sexo sexto. Yo estaba en sexto de primaria, pero me lo compró porque ella era más ignorante y no, tampoco pensó que era de la escuela. Y era así como ¿Qué haces con ese libro cuando tienes 13 años? Y toda esa información. Fue uno de los libros que me impactó. Pero como también me impactó Los hijos de Sánchez, porque me di cuenta de la pobreza en México y eso marcó mi vida de servicio. Entonces, cuando yo llego todo esto lo voy llevando a esta etapa de la adolescencia porque me conecto con la mía. Y yo creo que eso es básico. No podemos entender al otro si no empezamos a entender nuestra etapa, por lo que pasamos. Me parece que es de ahí donde empiezas a entender a los demás. Si te acercas a tus propias vulnerabilidades en cualquier etapa de tu vida, porque en todas existen.
Yo tengo una pregunta para ti Eva. A mí yo también en la adolescencia me hablaban mucho de orientación vocacional. Soy de la idea de que tal vez en vez de orientarme en el tema vocacional, me deberían de orientar en el tema de autoconocimiento. Debería de haber mucho más instrucción, acompañamiento, guía en esas preguntas que tú estás.
Mencionando, porque son, ese es mi libro, la primera mitad del curso que yo ofrecía para orientación vocacional es exclusivamente de autoconocimiento, porque no importa tanto qué eliges lo que tienes que saber, o sea, hay tantas carreras que cumplen el mismo objetivo. Si tu objetivo es servicio, yo podía haber estudiado enfermería, psicología, maestra, tantas que hubieran dado en el servicio. Por eso lo que yo siempre dije es no preparo para la carrera, preparo para la ocupación, porque lo que te ocupa es lo importante.
¿Cuáles son esas preguntas que deberíamos de estarle haciendo a nuestros hijos adolescentes para guiarlos en este camino?
¿Qué te gusta? ¿Cuáles son las materias que más te gustan? ¿Qué te gustA hacer cuando no estás estudiando? ¿Qué crees que piensan tus amigos de ti? ¿Qué crees qUe piensan tus papás de ti? ¿Qué piensas de lo que piensan ellos? ¿Estás de acuerdo? ¿No estás de acuerdo?¿Qué te gustaría cambiar de ti? ¿Qué te gustaría mejorar? ¿Qué te gustAría aprender más? ¿Cómo te ves en un año, en dos, en tres? Los adolescentes de 14 años no saben y no pueden verse en dos, tres años, pero un adolescente de 17 puede. Y también tenemos que entender que las diferencias de la adolescencia, porque la adolescencia dura mucho tiempo, la adolescencia empieza a los 12 años y termina a los 24. Tú sabes que es hasta los 24 que sabes a qué quieres hacer y necesitamos elegir carrera a los 18. ¿No te parece ridículo?
Absolutamente. Y estas carreras, estas decisiones definen la vida. Ahora tengo yo dos preguntas que creo que pueden hacer que ahondemos un poquito más, porque la primera es cuando estás pensando en qué vas a estudiar, muchas veces lo que estás pensando es cómo quieres que se vea tu vida, cuánto quieres ganar y como que no estás integrando lo que tú dices, la vocación o la ocupación con el resultado a veces plenamente financiero. ¿Cómo separamos estas, estos dos aspectos o estas dos decisiones que podrían ser completamente diferentes?
Mira, te voy a decir lo que mi hijo Daniel me dijo una vez, cuando haces lo que te gusta, haces dinero, porque el trabajo no se siente trabajo. Y yo creo que eso tenemos que empezar por ahí que nos apasiona.
Hay creo que dos escuelas de pensamiento aquí, ¿No Eva? Una, la que dice haz lo que te gusta y entonces podrías decir tengo que ahora vivir de mi hobby, que puede ser una propuesta muy complicada cumplir.
Pero no estoy hablando de hobby, bueno.
De mi afición, vamos a llamarlo de mi pasión. Y otra que es la que me dijo, me la dijo Ricardo Salinas, me dice no hagas lo que te gusta hacer, lo que eres bueno y en lo que eres bueno te va a terminar gustando, porque a todos nos gusta ganar.
Estoy, estoy de acuerdo, pero estoy de acuerdo en eso, pero a uno le gusta para lo que uno es bueno, porque lo que necesitas es el reconocimiento, lo que realmente lo que terminas haciendo es lo que eres bueno para lo que eres bueno. Ahí vienen tus habilidades, que esa es otra, esa es otra parte del libro. ¿Cuáles son tus habilidades y cuáles son tus potencialidades? Porque yo puedo querer ser pintor y no soy buena para pintar, pero quiero ser pintor, ahora voy a tomar una clase de pintura y si me doy cuenta que no tengo ni la potencialidad de ser pintor, no me puedo dedicar a eso porque no voy a ser buen pintor o buen artista. Entonces la realidad, como les digo siempre, no hay que pelearnos con la realidad. No puedes estar aquí idealizando algo que yo quiero, no, yo quiero, yo quiero, tú quieres y tú puedes. Órale, pero el querer no basta, el poder es importante. Entonces no, no podemos pelearnos con la realidad. Si yo quiero ser médico, pero tengo pésima memoria, pero no me puedo, no puedo estudiar anatomía, pues entonces empieza a pensar para que si puedes.
¿La segunda pregunta que te quería hacer al respecto es yo hoy veo que, y ni siquiera es de 30 años para acá, de 3 años para acá, los planes de estudio, las carreras, cómo están diseñadas? Están diseñadas para un mundo que ya no existe. Los que empezaron su carrera hace cuatro años y están por graduarse, se están graduando preparados para un mundo que dejó de existir con, sobre todo la entrada de la inteligencia artificial. ¿Cómo metes o cómo incluyes este nuevo factor en la toma de decisiones cuando tal vez muchas de estas profesiones que eran las de Pilar vamos a llamarle, dejan de ser tan relevantes o la carrera en sí como una estructura educativa tan necesaria para cumplir con la ocupación?
Mira, yo los llevo a investigar en serio, a hacer una gran investigación y a preguntarles a empresarios, a maestros en la actualidad, a investigar que si hay las carreras más importantes, las 10 carreras más importantes que los llevaba yo a investigar cambian constantemente, son evolutivas. Cada época necesita otras profesiones. Entonces es muy importante que estén de acuerdo primero quiénes son y después que hay allá afuera. Porque de nada sirva que seas este ingeniero cuando ya a lo mejor la ingeniería que estás estudiando ya no sirve, ya no, ya no está actualizada. Entonces van evolucionando. Pero también tenemos que entender que el estudio es constante, que sales de la carrera con un papel que te sirve para muchas cosas. Uno para madurar emocionalmente, porque si te digo que hasta los 24 años sabes lo que quieres neurológicamente estás desarrollado para entender de a futuro. Entonces yo te diría que es a los 24 años que tienes que empezar a estudiar, a estudiar qué hay afuera qué se necesita al mismo tiempo que trabajas. No importa lo que hayas estudiado, todo el tiempo te puedes actualizar todo el tiempo. Yo me he reinventado tantas veces, tantas veces. No es importante lo que estudias.
Hablabas También en el 2008 publicaste otro artículo en Medicina Universitaria y hablabas de un cambio fundamental, hablabas de la crisis de identidad en la posmodernidad, sobre todo en la adolescencia. ¿Cómo has visto este cambio en los adolescentes de hace 30 años a los adolescentes de hace 20, a los adolescentes de hoy?
Los de hoy están más perdidos, están más confundidos, sienten mucha presión social. La presión social ha aumentado impresionantemente a partir del social media. Creo que están mucho más asustados. También ha cambiado mucho la forma de pensar en el trabajo. Los chicos de ahora ya no quieren trabajar como trabajaba yo hace 30 años, que vivía para trabajar y todo era mi vida profesional, era absolutamente todo. Ellos también la quieren pasar bien y está bien. Ahora se han dado cuenta que ya no necesitan tantas horas de trabajo, que en menos horas de trabajo pueden ser igual de productivos y ganar la misma cantidad de dinero que antes trabajando quién sabe cuántas horas. Eso ha cambiado. La confusión es mayor porque la presión social es mayor, sobre todo la de identidad sexual. Hay muchas opciones y muchas opciones porque ahora se dice que entre el hombre y la mujer hay muchas posibilidades, muchas posibilidades de identidad. No estoy tan segura, no estoy tan segura de ello. Estoy abierta a escuchar lo que me quieran decir, pero sí creo que sí creo que socialmente hemos apurado y hemos presionado a los jóvenes a que tomen decisiones de qué quieren ser hombre, mujer u otra cosa mucho antes de lo que están listos.
¿Cuál es el antídoto para esto?
Esperar. Esperar hasta que neurológicamente hayan crecido. Tú sabes cuántos adolescentes en San Francisco, y te lo digo porque yo viví ahí seis años, empiezan con tratamientos para cambiar de sexo a los 12 años y para los 18 se han dado cuenta que ya están equivocados, que solo era una fase, solo era confusión, solo era rebeldía. Empieza a ver muchos artículos al respecto de estos chicos que tomaron decisiones drásticas como cirugías, como tratamientos hormonales. Yo creo que hay que esperar un poco. No entiendo la prisa por vivir tan rápido, no la entiendo. ¿Sabes, La vida dura mucho tiempo, por qué tenemos tanto tiempo, tanta prisa de crecer? ¿A dónde chingados vamos? No sé, les pregunto a dónde quieren ir, qué quieren hacer antes de tiempo, No sé jueguen con las muñecas todo lo que puedan.
Bueno y eso no solo es aplicable a los adolescentes, yo creo que ya los jóvenes adultos también quieren tener lo que tendrían a los 60 años, a los 20.
¿Cuál es la prisa?
Tú viviste muy de cerca los efectos de esto que tú comentas, la discriminación, la falta de aceptación, los retos que vienen con Sentirte que no perteneces a los estándares que tu entorno ha fijado. Y tú recibes un mensaje de texto una noche de un 13 de febrero. ¿Que decía ese mensaje de texto?
Perdón, sabes que ya no me acuerdo, sabes que no lo tengo ya presente, sigue siendo tan doloroso. Los quiero mucho, pero me quiero más yo. Perdón nen me. Ahí se me acabó el mundo.
¿De quién era ese mensaje?
Era de Daniel. A las 8 p.m. Le hablé por teléfono y ya no contestaba, ya estaba apagado su celular, él ya se había aventado de un 20 piso, ya no había nada que hacer. A las seis de la tarde me habló, me dijo que se sentía muy angustiado, le pedí que me esperara, que le hablara a su terapeuta, que yo iba a estar pronto con él. Y a las 8 me mandó ese mensaje. Me fui directo a su casa. La puerta estaba abierta, las llaves del departamento estaban ahí con todos los papeles importantes. Daniel quería que no sufriera o que no batallara o que no tuviera ningún problema. Y me fui a buscarlo como loca, como una loca en el coche con unas ganas de encontrarlo y no encontrarlo porque no quería verlo muerto. ¿Sabes? Todavía sueño repetidamente que estoy equivocado y que no está muerto. Perdón que lloro. Pero es algo que no puedo evitar. No puedo evitar cuando pienso en él y cuando pienso en mí y en mi incapacidad y en mi impotencia de no haberlo podido salvar. Y es cuando te das cuenta que no puedes salvar a nadie. Porque si este hijo de mi sangre no lo pude salvar, no puede salvar a nadie. Por eso cuando él se mató, quise dejar de ser psicoanalista porque toda la certeza en la vida toda la certeza de mi capacidad de ayudar se vino abajo.
DANIEL y tú tuvieron una conversación en diciembre de 2016 esto no fue una sorpresa.
¿No?
A ti te pidió permiso formalmente para quitarse la vida. ¿Así es como tomas una conversación así hoy?
Daniel y yo tuvimos conversaciones durante un año. Mira, no sé qué fue, si fue el destino, pero yo me voy a vivir a San Francisco y es gracias a que me voy una vacación de un mes que me doy cuenta de la gravedad del estado emocional de mi hijo. Y es cuando decido quedarme a vivir ahí para ayudarlo. Estuvimos hablando un año de esto. Un año de por favor, ve a terapia. Un año de que él me dijera, ya no, ya no quiero ir a terapia. Ya no necesito eso. No quiero ir a terapia. Ya viví con depresión mucho tiempo. Ya sé de qué se trata la vida. Yo le decía, esto es una etapa. Daniel y yo teníamos una comunicación que te puedo decir que era muy abierta. Él sabía que él podía decirme todo y que yo lo iba a escuchar. Yo no le dije, no lo hagas. Le dije, entiende, ¿Sabes lo que voy a sufrir? ¿Te das cuenta lo que puede ser mi vida sin ti? ¿No crees que podemos salir de esto también como ha salido de muchas otras más? Y él me decía, es que ya no quiero. Entiéndeme, ya no quiero. Esta es mi vida. Tienes que respetar mi vida. Me tiembla hasta la quijaba cuando hablo de esto. Sí, es como lo hablé con él de tantas formas, oso, le grité, lloramos, nos abrazamos, nos pedimos perdón de todas las formas posibles. Nadie me creía que se iba a matar.
¿Ni tu doctor?
No. Todos pensaban que me estaba manipulando. Ni mi analista, ni su analista, nadie me creía. Ni su psiquiatra. ¿Sabes que? Sentirte loca, que nadie te puede apoyar porque nadie te cree. Porque Daniel cuando llegaba a esos espacios parecía que estaba en control de su vida y de sus decisiones y que no lo iba a hacer. Yo era la única que sabía que lo iba a hacer.
Él te habló de algo que llamaba su opresor interno. ¿Qué es eso?
Él decía que él tenía un perseguidor y yo creo que lo que lo perseguía él era su no aceptarse gay, no aceptarse homosexual. Su gran dilema, y ahorita me estoy acordando de una conversación que tuvimos en un restaurante, es que me decía, mamá, no me puedo llevar con los hombres, Me gustan sexualmente los hombres, pero no puedo llevarme con los hombres, me llevo con las mujeres. Tengo muy buena relación con las mujeres porque tenía muy buena relación conmigo y tenía una cero relación con su padre y él entendía que de ahí venía su problema de relación. No estoy hablando su homosexualidad, porque esto sabemos que no tiene que ver con nada de eso, ni conmigo ni con su padre. Le decía, trata de llevarte con tu papá, o sea, trata, si eso crees que te puede ayudar, hazlo. Y lo intentó. Y me decía, es que no puedo madre, no puedo. Porque me decía madre, a veces este no puedo. Y entonces le digo, bueno, ¿Y por qué no estás con una mujer? No estoy segura que va a haber una mujer que te va a entender que te gustan sexualmente los hombres. A lo mejor tienes una relación con una mujer y vives con ella y estás con ella y ella entiende que tienes un deseo sexual por los hombres. Yo no te hablo de mentirle, de hablarlo. Conozco otras mujeres que han aceptado casarse con hombres homosexuales que tienen otro vínculo porque tienen otras cosas, porque a lo mejor a ella su sexualidad tampoco le importa. Contigo también la quiere con una mujer.
Y todos tenemos este perseguidor, este opresor en mayor o menor medida.
Todos, todos tenemos este opresor que te dice esto está bien y esto está mal. Sí. Y el opresor es que te dice todo el tiempo está mal, esto está mal y te hace sentir culpable y te hace sentir disminuido y te baja tu autoestima y te dice lo poco que eres y lo mal que estás. Y yo creo que eso es lo que le decía Daniel, estás mal por ser homosexual, no debes de ser homosexual, no te deben de gustar los hombres, necesitas hacer que te gusten las mujeres.
¿Cómo podemos manejar este opresor si todos.
Lo tenemos hace amigo de él?
¿Cómo se ve eso?
¿Si él te hablara y te dice no, no puede ser homosexual, tú le preguntas, la otra parte de ti le pregunta por qué no? ¿Por qué no? Explícame. Bueno, no puedes porque. Porque no te van a querer, porque no te van a aceptar, porque tus amigos te van a dejar. Sí. ¿A ver, en qué te basas para decir tu opresor interno, en qué te basas para decir que no te van a aceptar? No, porque fulanito me hizo una cara cuando decidí ser gay. ¿Bueno, fulanito te hizo la cara y no te aceptó, pero qué tal menganito, qué tal la otra persona? No son todos. Sí, sí. Vas a perder todas las decisiones que uno toma en la vida y eso es lo que yo aprendo cuando escribo mi libro de orientación vocacional, es que todas las decisiones conllevan una pérdida. Lo que decidas, pero la elección sexual no se decide, esa es. Tú no decides ser mujer o ser hombre, ser heterosexual o ser gay, eso es. Deja de pelearte con eso si lo estás viendo como una decisión cuando no lo es. Por eso te digo que es tan importante no pelearte con la realidad. Y el opresor interno no tiene nada de realidad, nada de real, son creencias que pensamos que tenemos que ir destruyendo dentro de nosotros mismos porque no son reales, son cosas que nos decimos a nosotros porque creemos, porque pensamos, porque las mamamos, porque las escuchamos mientras que decíamos eso no quiere decir que sean realidades.
Muchas veces ni siquiera vemos que las.
Además yo sí creo que, yo sí creo que los papás en algo tenemos que cambiar y algo básico, necesitamos aceptar a nuestros hijos como son, necesitamos dejar de tener expectativas con ellos.
¿Donde se pinta la raya? Yo soy papá, yo digo que los estoy dejando ser y que lo que ellos quieran ser. Y no puedo evitar tratar de empujarlos hacia donde creo que es su mejor camino. Y en ese ejercicio probablemente estoy imprimiendo todas mis expectativ tácitas. ¿Dónde está la línea?
Bueno, como papá tenemos que preguntarnos primero cuáles son nuestras expectativas, ¿Qué queremos? Y estar muy conscientes de ellas también. ¿Qué tipo de papá quiere ser? No nos preguntamos ni qué tipo de papá quiere ser, ni qué tipo de pareja quiere ser, ni qué es para ti ser papá, ni qué es para ti ser esposo o esposa. No nos lo preguntamos. Lo hacemos. Es la etapa nos toca y ahí vamos. OK, ya llegamos a eso. Entonces preguntémonos ¿Cuáles son nuestras expectativas? Si yo las tengo conscientes. Si yo lo que quiero es que sean unos fregones en la carrera y que sean muy exitosos. ¿Y que es para ti el éxito? Te preguntaría. Quiero que sean muy exitosos. OK, bueno, defíneme el éxito. Yo quiero que sean grandes profesionistas. ¿Qué es eso? Decimos tantas cosas sin entender qué significan. Damos por un hecho que sabemos lo que significan, pero no nos detenemos a reflexionar sobre esas cosas. ¿Qué quiero decir con aceptar? Obsérvalos. Observa a tus hijos, conócelos, ve que quieren, Preséntales las oportunidades. Por supuesto que nuestra tarea es presentarles el mundo y todas sus alternativas. Dales todas las experiencias que quieras, pero no les digas cómo ser. No les digas que entender de las cosas. Escucha sus preguntas. Ofréceles. Claro, claro. Ofréceles. Hay muchas alternativas. ¿Quieres? ¿Quieres enseñar a tus hijos? Enséñales. No los tienes que empujar. Llévalos de viaje, llévalos al parque, llévalos a explorar, llévalos a observar las hormigas caminar. Ten paciencia. Camina a su ritmo. No lo corretees. Él tiene otro tiempo. ¿Has visto como los llevan así, jaloneandolos, caminando y jaloneandolos? Él tiene otro tiempo. Él está descubriendo el mundo. Él no lo ha visto, lo está conociendo. Caminemos a su ritmo. Hagamos un mundo para él. Sí, sí. Nos va a tomar dos, tres años de nuestra vida. Sí, dos, tres años que vamos a tener que bajar el ritmo e ir a su ritmo.
Hace un momento decía Seba, que cuando no puedes ayudar a un hijo de tu sangre, no puedes ayudar a nadie. Y en el libro dices, en mi trabajo me doy cuenta de que ayudar un poquito puede significar mucho para el otro, pero no te pude ayudar. Tú eres psicoterapeuta, dices que pensaste en dejar de serlo. Y en el libro tratas mucho el tema de la culpa. Háblame de la culpa.
La culpa. La culpa es el opresor interno. La culpa es justamente lo que no te deja avanzar. La culpa que apenas hace seis meses dejé de sentir por la muerte de mi hijo, ocho años después. La culpa que todavía me asalta de repente, pero que puedo parar gracias a lo que he aprendido y puedo parar. Porque algo que necesitamos hacer todas las personas es hablarnos a nosotros mismos. Hablarnos a nosotros mismos como si fuéramos un tercero. Ahora yo me no pudiste hacer otra cosa. No pudiste hacer otra cosa, porque con lo que tú sabías en ese momento, hiciste lo que pudiste. Con lo que sé hoy, tal vez podría haber hecho otra cosa, pero no sé si hubiera detenido a mi hijo de matarse, porque no soy omnipotente, porque mi hijo tenía su vida, hizo con su vida lo que pudo hacer con su vida. Y por ahí lo tengo que respetar y lo tengo que aceptar. La culpa es todas las veces que despierto y digo ¿Como fregados no me fui a las 6 de la tarde y no corrí en ese momento que me habló a verlo, a estar con él? ¿Como fregados no me fui a dormir a su casa con él? ¿Cómo puede ser que no estuve ahí 24 7 con él? ¿CÓMO PUEDE SER QUE en ese momento no deje mi trabajo, no deje todo por él? Claro que me lo recrimino. No sé si lo hubiera podido haber salvado, pero me lo recrimino.
¿Qué fue lo que te permitió después de ocho años, superar al menos en como un estado constante este sentimiento de culpa?
Comprender racionalmente que uno hace lo que puede con las herramientas que uno tiene en este momento. A toro pasado todo se ve más claro. Por eso es muy fácil supervisar a los alumnos, porque cuando llegan con un caso clínico y me cuentan el caso clínico, yo puedo supervisarlos porque ya pasó. Yo ya puedo entender las cosas porque ya pasaron. No las puedo entender cuando todavía no han pasado. Y esa es la frustración más grande que tiene el ser humano. No aprendemos hasta que no vivimos lo que tenemos que vivir. Yo ¿Sabes cuál es mi frase? ¿Ayúdame a ayudarte? Sí, porque si no me ayudas, no te puedo ayudar. Si no me ayuda a un paciente ayudarlo, no lo puedo ayudar. Si él no me cuenta toda la historia, yo no puedo saber cómo ayudar. Mi hijo no podía contarme toda la historia, porque nadie nos puede contar toda la historia, porque hay cosas de las que nos avergonzamos, de las que nadie sabemos del otro. Y eso es lo que yo me di cuenta con Daniel, que hay una parte de los hijos y hay una parte de todas las personas y de uno mismo que no conocemos. Yo lo conocí cuando entré al hospital psiquiátrico, cuando estuve catatónica a partir de la muerte de mi hijo, me rompí, estaba fuerte, tenía que salir adelante, tenía que seguir trabajando, no podía dejar a mis pacientes, tenía la obligación, tenía el compromiso, tenía la necesidad económica, no podía parar hasta que mi cuerpo me ni madres, ya no hay más, ni para adelante ni para atrás, aquí te quedas.
¿Que aprendiste de ti?
Tantas cosas. Aprendí que tengo una parte oscurísima, incognoscible, que me puede detener. Conocí mi deseo de estar muerta, Conocí mi deseo a morirme. Conocí la verdadera soledad. La gente habla de soledad, pero muchas no saben qué es la soledad. Es cuando nadie, absolutamente nadie te puede entender más que alguien que ha perdido un hijo. Y no es algo que recrimino, no es algo que digo ay, me deberían de entender, no quiero que me entiendan, no quiero que nadie pase por esto. Pero entonces aprendí que uno tiene que quedarse callado, que uno tiene que conocer su dolor y vivirlo internamente. No necesitas compartirlo, puedes vivir con él, te prometo que puedes vivir con él. Estamos muy necesitados de que los demás nos entiendan, pero no hace falta, con que nos abracen es suficiente, O sea, ¿Por qué necesitamos pedir algo más que abrazo? Porque queremos que conscientemente entiendan algo que nadie puede entender. Hay una parte que nadie puede entender En ese hospital.
Mencionas que el tiempo que estuviste ahí, muchos pacientes se te acercaban, como que sentían una necesidad de hablar contigo.
Fue muy impresionante, muy impactante. No entiendo por qué, pero yo llego, claro, siendo psicoanalista, pero siendo paciente, y todos hacían fila para hablar conmigo, me iban a buscar a mi cuarto, imagínate. Y es lo que digo, los locos saben, el inconsciente, la comunicación de inconsciente inconsciente es maravillosa, porque todos, y te estoy hablando de esquizofrénicos, catatónicos, gente que vivía y vive con alucinaciones permanentemente, todos ellos vivían con alucinaciones permanentemente, y se me acercaban a contarme su historia y sus alucinaciones. Las únicas que no fueron dos chicas anoréxicas que no estaban tan graves, o sea, la anorexia no cae en esto, en esto que te estoy hablando, pero todos los psicóticos, todos los psicóticos que había ahí, todos me hablaban, y había un niño que no hablaba con nadie más que conmigo, me daba los libros para que yo se los leyera, no hacían, no entraban cuando yo entraba al círculo, porque te hacen actividades, bailas y haces cosas que yo no quería participar, pero ellos me llevaban, los psicóticos me llevaban a participar, esos círculos querían que yo estuviera ahí.
¿Y qué te dice eso de la salud mental? Dices que aprendiste a entender a los enfermos mentales.
Claro, porque todos tenemos esta parte loca, y si podemos conectar con esta parte psicótica de uno mismo, que es la que yo conecté con ella, cuando yo me quedo catatónica, es mi parte psicótica, yo puedo entender la parte psicótica del otro, y no estoy peleándome con ellos, podían venir conmigo, porque desde mi parte loca hasta su parte loca, y lo digo loca cariñosamente, podíamos entendernos. Yo no me peleaba con sus alucinaciones, las escuchaba, preguntaba, me interesaba en lo que estaban sintiendo, no les decía, no, eso no es cierto, eso está mal, eso no lo debes de sentir, No bailábamos juntos en nuestra locura, yo bailaba con ellos su locura, había una mujer que literalmente bailaba conmigo, y yo bailaba con ella a su ritmo, esa era su forma de comunicarse. Y ahí regreso a esto de la aceptación, se sentían aceptados por mí, no se sentían juzgados, no los estaba viendo como pacientes, los estaba viendo como personas que estaban sufriendo. ¿Como veo a mis pacientes ahora? Tampoco los veo como pacientes, los veo desde el dolor que están sintiendo, no me conecto desde el lugar donde yo sé y ellos no saben, me conecto desde el lugar donde todos estamos sufriendo, y puedo entender, puedo, tengo una mucho mayor intuición y una mucha mayor capacidad de entenderlos desde mi propio dolor. Hablamos de dolor a dolor, no les digo lo que tienen que hacer, no les digo cómo lo tienen que hacer, pero buscamos maneras para sentirse mejor, para cambiar ese discurso interno, que si hubiera tenido más tiempo con estos psicóticos del hospital, hubiera hecho mejor trabajo. Créeme que si yo no tuviera necesidad de trabajar, estaría haciendo muchas más cosas a nivel. A esos niveles, en hospitales psiquiátricos, con pacientes terminales, con pacientes enfermos, que lo he hecho bastante de eso.
Eva, hace un momento me decías que parte de conocer tu oscuridad y tu soledad, lo que conociste fue tu deseo a morir. Y en el libro mencionas como algunos médicos y psicoterapeutas piensan que el suicidio es prevenible. El suicidio es prevenible. Y otros dicen que una vez que la idea se implanta en tu mente, es imposible de eliminar. ¿Qué crees tú?
Yo creo que todos en algún momento de nuestra vida hemos querido morir, pero de querer morir.










