Testimonio REAL del Secuestro de BOSCO Gutiérrez

Bosco Gutiérrez describes eight months in captivity, fashioning tools from a spring wire and Melox bottle to open his cell. He stayed sane through prayer and calisthenics, then escaped during a guard shift change in Puebla. He had run the Mexico City Marathon just days before his abduction on August 29.
Questions this video answers
August 26 (year not specified).
August 29 (year not specified).
About eight months.
Nine months (he says his discipline during the nine months was three hours of exercise daily).
"1803 calle 15 oriente" in Puebla.
Chapters
De un alambre de un resorte de un catre que tuve un tiempo, lo enderecé contra el piso, hice un tramo de alambre como de 20 centímetros, doblado en escuadra, y esa era parte del instrumental que yo había diseñado para abrir la puerta por dentro. Y la otra parte era con un pedazo de plástico sacado de una botella de Melox, de un antiácido Melox, cortado con un rastrillo que pedí para rasurarme, que corté en mis manos y con un centímetro de navaja que me quedé, lo fui cortando, una actividad que duró más de tres meses. Para ese corte, finalmente, después de ocho meses de estar secuestrado, ya tenía yo los medios para por lo menos intentar abrir, no te digo que era una seguridad, pero por lo menos intentaría yo abrir eso. No sé si tú ya no estás en la generación de los bochos de los Volkswagens, pero los que somos de generación de bocho sabemos que con un gancho de ropa lo metías por la ventana y abrías el botón de la puerta y bueno, tardabas mucho, pero lo podías abrir. Bueno, yo sabía que con ese alambre y con esa cuña podía intentar abrir la. La tranca, con girar la tranca que atoraba la puerta. Eso fue lo que yo hice. Y por otro lado, pues estar físicamente bien, porque yo no hubiera podido tomar una decisión de salir corriendo si físicamente estuviera yo tuyido de las piernas o no estuviera fuerte. Y la verdad es que parte de mi disciplina de los nueve meses era hacer ejercicio tres horas diario, de los cuales yo recuperé perfectamente mi estado físico con el que yo entré, o sea, yo tres días antes del secuestro corrí el Maratón de la Ciudad de México, el 26 de agosto, 29 me agarraron, perdí mi condición física, la recuperé ahí adentro, corriendo hora y media a diario, corriendo en el mismo lugar estacionario, y después hacía lagartijas, me colgaba del techo, estalló fuertísimo. Bueno, también eso ayuda a que tomes una decisión de repente en un sentido o en otro. Y luego mentalmente también, la estabilidad mental de saberte, en el caso mío particular, por el tema de la fe, pues suficientemente abandonado, y no me refiero abandonado en no hacer nada, abandonado me refiero cuando estás relajado. Y una vez que haces todo lo que esté en tu capacidad personal, el resto ya te puedes descansar y dormir, ahora sí que soltando la boca, o sea, sin preocupaciones, y yo llegué a conquistar ese estado de ánimo de estabilidad, aún estando secuestrado, gracias ejercicio de oración que tenía a diario, no lo encuentro otra explicación. El día llegó cuando hubo un cambio de guardia al final del secuestro, y entonces me sentí solo porque el guardián que estaba afuera se fue a hacer una. A poner un fax que me había prometido, y fue uno de esos espacios en donde tú sabes perfecto que no hay nadie afuera, que la cámara está apagada y que el guardián que va, que tiene que entrar afuera de ti, se estaba bañando en la regadera del piso superior, entonces el oído estaba, digamos, localizando a un guardián que se estaba bañando, sabías que no había afuera nadie, sabías que la cámara estaba apagada porque el foco rojo estaba en. Estaba apagado, nadie te veía, estaba en oscuridad absoluta, entonces perfecto momento para probar mi aparatito y si no funciona, pues no pasa nada, pero inténtale y si funciona, vuelves a cerrar, o sea, no te vas a escapar. Yo nunca tomé la determinación de escaparme, porque no la puedes tú tomar, o sea, tú no puedes decidir algo que no conoces, tú no puedes, qué tal si estás en un edificio de 30 pisos, que te avientes 30 pisos, o sea, tú no puedes saber qué va a pasar en el tercer cuarto, porque lo único que puedes ver es el segundo cuarto si es que abres la puerta, pero el tercero no lo conoces, ni el cuarto, ni el quinto, ni el sexto, entonces no se puede tomar esa decisión, pero sí puedes tomar una decisión de intentar abrir la puerta y si no, y si abres, volver a cerrar, eso sí la puedes tomar. Y fue la que tomé, fue totalmente racional, totalmente en ese momento totalmente responsable, lo irresponsable fue después, pero ahí fue responsable, fue decir no hay nadie afuera, la cámara está apagada, intento abrir, jalo la puerta, meto la cuña, desliza la aldaba, perfecto, empujo la puerta y se abre la puerta hasta ahí, perfecto. Dije perfecto, sí, me latió el corazón, me sentí nervioso, efectivamente no había nadie afuera, estaba la cortina negra ahí recorrida, no había guardián de por medio, dije perfecto, mi corazón me pedía ya parar ese nivel de riesgo y volver a cerrar, pero cuando cierro la puerta me di cuenta que era imposible cerrarla por dentro. Necesitabas una mano fuerte que girara la aldaba por la parte de afuera del cuarto. Era imposible. ¿Cuando te intentaste volver a encerrar? Volver a encerrar. No pude volverme a encerrar. Y la regadera del guardián que venía a tomar turnos estaba terminando. Entonces dije, eso que dura la regadera es lo que tarda en bajar este güey. Si baja este cuate y ve que está abierta la puerta, soy hombre muerto, o sea, no hay duda, soy hombre muerto porque la ley de esa casa una vez cobrado el rescate, te liberamos. Siempre y cuando no representes un riesgo para nosotros estando suelto. Si alguna vez abriste la ventana, cobramos y luego te matamos, pero no te vamos a soltar. Entonces, obviamente, en ese momento se te viene encima toda esa amenaza y me siento como un conejo acorralado en donde no tengo opción más que salir corriendo. Entonces me brinco por la ventana, me voy al fondo del segundo cuarto para asomarme al tercer cuarto por un espacio de 60 por 60, pegado al suelo, al fondo, en donde entraba una poca luz que rompía la oscuridad, que fue lo que me permitió ver, porque mis pupilas están muy dilatadas. Entonces, bueno, pues todo eso pasa. Me asomo el tercer cuarto y veo una ventana abierta con unas bugambilias atrás y digo ¿Qué hago? Me regreso a mi cuarto, pero no puedo encerrarme con el riesgo o me voy. Me la juego a las buganvilas, pues. Las buganvilas. Pero cierra tu cuarto primero. Porque mi reloj me marcaba ocho y media de la mañana el relojito que traía yo, y sabía que a mí me prendían la luz diario a las 10, porque esa segunda parte del secuestro, que ya tengo reloj, cuando prenden la luz diario, veo mi reloj, son las 10, digo, tengo hora y media de que este cuate que baje de la regadera no va a saber que yo me salí. Entonces me regresé a la ventana, cerré la ventana por fuera, cerré la cortina, me regresé y ahí es donde empezó la irresponsabilidad. Pero no tenía alternativa. Me brinqué al tercer cuarto sin saber qué iba a pasar. Me encontré una cama enfrente con un cuate acostado. Le tuve que caminar junto al cuate y ver una ventana abierta, salirme por la ventana abierta, gracias a Dios estaba en una planta baja, esa ventana abierta daba un callejón de 20 metros de largo. Me puse a gatear abajo de las ventanas. Yo estoy seguro que este cuate que le pasé juntos y me escuchó, juró que era otro de los guardianes. Imposible pensar que era el secuestrador porque había cinco en la casa. En ese momento piensas que es otro de tus compañeros, nunca piensas, es más, había otro secuestrador en la cocina lavando platos. Cuando yo iba gateando en el callejón, pues volteé y vi de espaldas a un secuestrador que resulta que era mujer, que yo le decía el Greñas, vi que se volteó y entonces hice el paso de la muerte, pasé ese umbral hasta que llegué a la puerta, abrí dos veces el pasador y estaba en la calle 1803 calle 15 oriente en Puebla. Ahí tienes tu casa y patas para que te quiera correr y el resto, la historia ya la puedes conocer, pero pues esa fue, esa fue la circunstancia, pero dentro de todo pues aquí está, estoy de regreso en mi mismo negocio de siempre que es la arquitectura y a eso me dedico. La historia es verdaderamente fascinante y los invito a.










