Todos Cargamos una Bolsita de ... | Simón Borrero

Simón Borrero recounta lecciones aprendidas de su abuela sobre cómo vivir con dignidad y servir a los demás: en lugar de victimizarse, su abuela traslada sus problemas (el "bultico") de modo que no afecten a los demás. Borrero usa esa anécdota para promover hábitos prácticos: la gratitud diaria y la fortaleza mental —la capacidad de cerrar rápidamente pensamientos negativos— como herramientas para manejar dificultades y enfocarse en dar a los demás.
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Mi abuelita, que es la persona más sabia que conozco, y que es una persona que tiene a todo el mundo alrededor de ella, todo el mundo quiere pasar tiempo con ella, todo el mundo. Entonces uno dice, bueno, una persona que tiene este éxito, porque eso sí es éxito en la vida, tener una familia linda, tener puro amor, tener gente que quiere estar siempre contigo por las razones que son. Y entonces uno trata de analizarla y las cosas obvias de ella, nunca se queja, nunca se queja, y uno dice, bueno, sí, no, pero la vuelta de Simón, de tener toda la suerte en la vida, y tuvo una vida perfecta, sin ningún problema, no le secuestraron a una hija, se divorció, problemas de salud fuertes en la familia, una quiebra, o sea, no, pero nunca, nunca ella lo hizo sobre ella, nunca fue víctima, nunca. Siempre el foco de ella es los demás y los demás, y eso es una inspiración grandota para todos los que la rodeamos. Segundo, ese cuento de ella, todos tenemos, todos en la vida vamos a tener que cargar o cargamos con un bultico de mierda, y ese bultico, hay problemas en la vida, si hay ese bultico, tenemos que decidir según ella, dónde lo cargamos, porque tenemos que cargarlo. Y hay personas que deciden voluntariamente cargar el mismo problema. Una persona tiene un problema, la otra tiene el mismo problema, esa persona decide cargarlo aquí y coge una cinta, coge el bultico y coge una cinta y se la pega aquí. Cada vez que habla con alguien, pues solo habla el bultico, porque ese bultico pues le huele todo el día. Y hay otras personas como ella, que ojalá yo fuera así, yo la verdad todavía no estoy ahí, que coge ese bultico y lo pone, y se lo amarra en el tobillo, y le pone dos bolsas y un plástico para que no huela y se olvida el bultico. Esa forma de vivir a mí me ha enseñado mucho. Y es de nuevo, también un poquito es la fortaleza mental, para ser más concreto. ¿Qué cosas creo que ayudan a poder hacer eso? Uno, el hábito de la gratitud. La gratitud es el regalo más lindo del mundo. Yo me levanto, trato de ver por la ventana y encontrar un pedacito azul, cuando estoy en Bogotá es dificilísimo, porque no hay un pedacito sin nube. Trato de encontrarlo y le doy gracias a Dios por estar vivo, por tener salud. Ya el resto es mi cuento, pero ese eso te pone en un mindset de abundancia, de estar completo. Mucha gente por no tener el hábito de la gratitud se levanta sintiendo que le falta algo. La verdad no nos falta mucho. Si nos sentimos completos podemos ser como mi abuelita, que comenzamos a entregar y a trabajar duro por el mundo y a construir y entregar, sean sonrisas o sea un producto increíble es entregar la gratitud. Creo que es algo fuertísimo. Y después el tema de la fortaleza mental, de tu poder decirle a tu por aquí no es, te acaba de pasar algo, tenés una elección y vas a seguir pensando en esto y dando vueltas en la mente, la sientes tres horas o a mí, yo como lo hago en mi caso es Simón, tengo una responsabilidad muy grande, no tenés tiempo para esto, entonces cerra el tema y he ido construyendo esa posibilidad de poderle decir a mi mente, cerrás el tema y cerrás el tema en un minuto, no en 45 minutos ni en tres horas. Eso ayuda mucho. Eso ayuda mucho y bueno, obviamente hay que seguir y obviamente.










