TONI NADAL | MENTALIDAD para ser el #1 DEL MUNDO #386

Toni Nadal, Rafael's longtime coach, explains how he built a champion's mindset through adversity, high expectations, and personal responsibility. He recounts the broken-racket incident that taught Rafael to own his mistakes, argues that character is forged through struggle, and insists that simple principles like effort and respect matter more than analytics.
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Yo fui muy exigente con mi sobrino, a veces demasiado.
Tony, eres la razón por la cual estoy aquí. Quiero que sepas que mi gratitud por haber sacrificado tanto por mí es infinita.
La vida está formada de realidad y de ilusión, y casi es más importante la ilusión que la realidad. En un momento de la cena, Carlos me preguntó: ¿Firmarías que tu sobrino en un futuro fuera un Albert Costa? Y yo, sin ningún reparo, le dije: No, no, no lo firmo. Me afirmó: yo creo que mi sobrino puede ser mejor.
Él estaba ahí, él escuchó esta conversación.
Yo le dije: tranquilo, que tú serás mucho mejor que él. La actitud depende de nosotros. Esto no puede fallar nunca. Rafa nunca rompió una raqueta porque para mí hubiera sido una monstruosidad. Creo que para él también. Será imposible dominar la pelota si no dominas tu voluntad.
Entrenando, hablando, engañando, haciéndome sufrir, haciéndome reír y también llevándome al límite. ¿Recuerdas alguna ocasión en la que hasta tú propiamente hayas dicho tal vez esta vez fui demasiado lejos?
Sí, muchas.
Cuéntame alguna.
¡Hola, amigos de Rafael Nadal!
Toni es entrenador, mentor y una de las personas más influyentes detrás de la carrera de Rafa Nadal. Durante 27 años fue el arquitecto de la mentalidad que llevó a Rafa a convertirse en uno de los competidores más admirados en la historia del deporte.
Oye, Rafael, creo que tu raqueta está rota. Y el tío la miró y dijo: "Justo así." Y la cambió. Al final acabó perdiendo el partido. Le dije: "Rafael, ¿me puedes decir que un tío después de tanto tiempo de jugar al tenis no sabe ver cuándo una raqueta está rota?" Me dijo: "Mira, estoy tan acostumbrado a tener siempre la culpa yo que para nada me hubiera imaginado que era la raqueta la que me hacía jugar mal." Así creció Rafael, sabiendo que cuando las cosas iban mal era por su culpa. Hacer las cosas bien nunca nos va a garantizar el éxito. Hacerlas mal casi siempre nos va a garantizar el fracaso. Ya no me acuerdo todo lo que hizo mal Rafael, pero sí que recuerdo una frase que le dije: mira, hoy hemos tenido mucha suerte porque creo que tu rival jugó mejor que tú. Si el año que viene sigues haciendo lo mismo, tranquilo, que no vas a repetir el título.
¿Alguna vez comentó esa nota contigo? Ha sido sin ninguna duda el mejor entrenador que jamás hubiera podido tener. Hola y bienvenidos a un nuevo episodio de Cracks Podcast. Yo soy Oso Trava y entrevisto cada semana a las mentes más brillantes para dejarte algo único y práctico que puedas usar en tu vida diaria. Recuerda que si quieres mentorías conmigo una vez al mes y con mi equipo de contabilidad, de legal, de marketing, de crecimiento en todas mis empresas, simplemente tienes que ser miembro de mi comunidad Cracks Business School. Si te interesa, ve a cracksbusiness.com, habla con uno de mis asesores, y espero muy pronto pronto verte en una mentoría. Hoy me acompaña Tony Nadal, lo puedes encontrar en Instagram como @tonynadal_official. La de hoy es una conversación que no es sobre tenis, es sobre carácter, disciplina, exigencia, liderazgo y la construcción de una mentalidad capaz de resistir presión, dolor y expectativas gigantescas. Hoy Tony y yo hablamos de cómo formar campeones en una época de comodidad, del peligro de la sobreprotección de las derrotas que más enseñan y de las reglas no negociables que Toni utilizó para formar no solo a un gran atleta, sino a una gran persona. La de hoy es una conversación poderosa sobre lo que realmente toma llegar a ser una persona extraordinaria. Espero que disfrutes de esta gran plática con Toni Nadal. Toni, bienvenido a Cracks Podcast.
Pues gracias, faltaría más, para mí es un placer estar aquí.
Bueno, yo me siento muy afortunado de estar aquí en la Academia de Rafa Nadal, aquí en Mallorca, en Manacor, un lugar con mucha historia. Y tú, uno de los entrenadores más exitosos en la historia del tenis profesional.
Tuve un entrenador con suerte, tuve un gran jugador, y así es fácil parecer un buen entrenador.
Ya hablaremos de la suerte, pero antes de eso, sé que eres un gran, no solo aficionado del golf, sino también del ajedrez. ¿De dónde nace tu interés?
Por, empecé hace bastante tiempo cuando era joven, cuando no sé, con 14, 15 años me empecé a aficionar un poco, pero sin jugar demasiado. Y hoy en día con el online pues puedes, es fácil jugar y sí, me entretengo bastante siempre haciendo partidas rápidas y más o menos rápidas.
¿Contra reloj te refieres?
Sí, sí, rápidas son partidas de 5 minutos, tienes 5 minutos para toda la partida.
Y bueno, y mides tú esta clasificación, ¿en qué estás?
Bueno, yo ahora no sé exactamente, estaba en 2160.
Bueno, eres una máquina.
Pero no sé si ahora estoy en 2080, no, no lo sé ahora en estos momentos.
No, no, ya sé que voy a tener que esperar para jugar contigo. Tony, tú en tu juventud fuiste siempre muy cercano al deporte, fútbol, tenis de mesa. ¿En qué momento nace esta afición por el tenis de pista?
Bueno, mi afición por el tenis de pista nace en el 1972 con la final del Master de tenis de final de año, que aquel En aquella ocasión se celebró en Barcelona y yo vi jugar la final, todavía la recuerdo, era Ilie Nastas contra Stan Smith, que eran los dos mejores del año, y el número 1 y 2, creo, en aquel año fueron. Y a mí me entusiasmó Ilie Nastas, me entusiasmó la plasticidad del tenis. Y me aficioné a jugarlo.
De ser un aficionado, de ver una final en la televisión, a convertirte en entrenador, ¿qué tiene que pasar?
Bueno, tiene que pasar... Lo primero es que a mí toda la vida me gustó entrenar, ¿sabes? Cuando no era entrenador, me gustó entrenar a mi hermano. Yo elegí la carrera de Historia porque quería ser profesor. A mí me gusta intervenir en la educación, en la formación de los chicos. Me gustó y me fui a Barcelona a estudiar y a seguir jugando al tenis. No fui lo suficientemente bueno y cuando regresé me puse a entrenar. Bueno, ¿Qué pasó? Pues evidentemente tuve la ilusión de intervenir en la formación de los chicos, que creo que es muy agradable.
¿En algún momento creíste que ibas a estar entrenando al nivel que hoy entrenas y que llevas casi 3 décadas entrenando?
No voy a contestar algo pretencioso, pero es una realidad. Yo toda la vida Desde que empecé a entrenar, toda la vida pensé en, o tuve la ilusión de entrenar a alguien que consiguiera algún logro importante, porque esto me motivaba mucho más. Evidentemente, tuve mucha suerte, porque no esperaba que un jugador mío pudiera conseguir 14 veces Roland Garros o ganar 22 Grand Slams. Pero sí que, desde que empecé, pues, Tuve chicos bastante buenos, entre los mejores de España en categorías alevines. Y mi ilusión siempre estaba allí. Yo creo que la vida está formada de realidad y de ilusión. Y casi es más importante la ilusión que la realidad. ¿Sabes por qué? Es algo que nos diferencia más del resto del mundo animal. Yo tuve esta ilusión y aunque no estuviera totalmente fundamentada, Pues la mantuve siempre allí, creyendo que algún día entrenaría a alguien bueno.
¿Qué ves en tu sobrino cuando tiene 3 años?
No, cuando tiene 3 años veo que le pega bien a la pelota, bueno, que tiene la coordinación, pero es más adelante, cuando tiene 6, 7 años. Yo tenía un chico que era el número 2 de España en la categoría Levín. Pensé: "Mi sobrino tiene bastantes más condiciones que él. Entonces, si este fue el número 2, mi sobrino será el número 1". Yo actúo casi siempre aplicando la lógica, el sentido común, y creí siempre que mi sobrino podría ser muy bueno.
He escuchado mucho de ti que eres un hombre muy pragmatico. Hablas de que la vida es muy sencilla.
Bueno, es que la vida es sencilla. Alcanzar el número uno no es sencillo, destacar en alguna actividad no es muy sencillo, pero entender por qué uno alcanza este objetivo sí que es sencillo. Trazar el camino no es difícil, lo difícil es realizarlo. Pero trazar el camino, yo estoy aquí y quiero irme hasta Palma, pues sé por dónde tengo que ir, después tengo que hacerlo. Entonces Esas cosas, a mi modo de ver, no son tan difíciles, porque si no, yo no las hubiera sabido hacer, evidentemente. Y en segundo lugar, no son tan difíciles, pero hay que hacerlo. Hay que ponerse manos a la obra y hay que hacerlo. Y después, yo creo que en la vida, si uno se va planteando las cosas, va sacando punta a a cualquier cosa, pues va avanzando, ¿sabes? Al final, si no nos quedamos en la primera visión superficial, pues tú vas preguntando. Yo toda la vida entrené a mi sobrino con preguntas: ¿cómo podemos hacer esto mejor? ¿Cómo podemos superar a este o al otro? ¿Cómo podemos mejorar la volea, el saque, lo que fuera? Cuando tú te lo vas planteando una y otra vez, hay un momento que normalmente encuentras la solución.
Es curioso lo que dices, porque mucha gente creo que se frena al no tener claro el camino completo, no tener los pasos bien definidos antes de dar el primer paso.
Pero no es tanto no tener claro el camino completo. El camino completo creo que muchas veces no lo sabe nadie en los inicios. El camino se va haciendo a medida que tú vas avanzando, pues vas viendo lo que va bien, lo que va mal. Pero creo que en líneas generales es como yo actuaba. ¿Qué objetivo tengo? El más alto. Porque para mí no hubiera sido un fracaso no alcanzarlo. ¿Sabes? Para mí el único fracaso es no hacer todo lo posible por conseguir aquello que me he propuesto. Bueno, tengo el objetivo muy claro. A partir de aquí, ¿qué hago? Pues analizo las características físicas. Técnicas y mentales de Rafael, analizo las necesidades del juego e intento hacer una combinación. Y de esa simbiosis sale el entrenamiento, sale el— bueno, la estrategia del juego. Yo sé desde el principio cómo iba a actuar, pero a medida que voy dando los pasos, pues me voy acercando y voy puliendo distintas cosas. Y creo que esto es así para todo el mundo. Yo no creo que Amancio Ortega, cuando montó Zara en sus inicios, pensara dónde llevaría a Zara. No, pero va, tiene la ilusión de seguir avanzando, no se quiere parar, y eso le lleva a conseguir lo que consiguió. Pues creo que en casi todo el mundo es igual.
¿Recuerdas el momento en que pasaste de tener a un sobrino con talento y una ilusión a genuinamente ya estar trabajando por convertirse en el número 1 del mundo?
Sí, eso sí, cuando a estar trabajando para el número 1, pues cuando Rafael alcanza el número 2 Pues el objetivo claro es llegar al número 1, sabes. Ahora, si tú me dices, ¿desde cuándo tengo la ilusión de que Rafael llegara al número 1? Pues desde que Rafael tenía 12 o 13 años, evidentemente. Y yo quería pensar que lo conseguiría, sabes. Pero no lo pensé solo con Rafael. Con otros no pensé que llegaríamos al número 1, pero con otros chicos que entrené, yo entrené aquí en no muy lejos de aquí, en un pequeño club. Pero yo, con muchos de los que entrené, pensé que serían profesionales. Después no lo fueron. Fue una frustración para mí. Para nada, mantuve la ilusión. Yo nunca dejé que la ilusión que tenía no me impidiera ver la realidad, pero tampoco dejé que la realidad que yo veía me impidiera mantener afirme la ilusión. Yo siempre tuve ilusión porque me lo quería creer, porque en la vida es muy difícil estar motivado a hacer las cosas bien si tú no crees que las cosas saldrán bien. ¿Sabes?
Siempre fuiste alguien que iba por todo. Me remonto a esta anécdota que tienes sobre una cena en casa de Carlos Muñoz. Cuéntame sobre esa cena. ¿Qué conversación se dio ahí?
Rafael era una expectativa de buen jugador, era un chico de 14, creo, 14 años, y Carlos Moya nos invitó a su casa a cenar. En un momento de la cena, pues, Carlos me preguntó: ¿Firmarías que tu sobrino en un futuro fuera un Albert Costa? Albert Costa era el vigente campeón de Roland Garros, era el jugador número 7 del mundo. Y yo, sin ningún reparo, le dije: no, no, no lo firmo, no lo firmo. Yo creo que mi sobrino puede ser mejor. Y Carlos Moyá se medio rió y recuerdo que me dijo: esto no es fácil, ser un número 7 del mundo, una figura mundial. Yo le dije: ya sé que no es fácil, pero prefiero más jugármela Prefiero más apostar más alto. Después, si no sale, no pasa nada. Y acto seguido me preguntó: ¿Firmarías que fuera un Carlos Moya? Y claro, yo empecé a enumerar lo que él había ganado. Había ganado Roland Garros, también final en Australia, final en el Master, número 1 del mundo. Yo le dije: bueno, esto ya es demasiado. Esto ya no me la quiero jugar. Le dije: tráeme el papel y te lo firmo. Creo que quedé bien, pero inmediatamente después de cerrar la puerta y despedirnos, lo primero que hice fue decirle a mi sobrino: vamos, no lo firmo ni en broma.
Él estaba ahí, él escuchó esta conversación.
Yo le dije: tranquilo, que tú serás mucho mejor que él. Al final La ilusión no cuesta nada tenerla. A mí cada vez que los periodistas me preguntaban: ¿Quién crees que va a ganar Roland Garros ahora en los últimos años? Yo decía: Rafael. Si después no lo gana, pues tranquilo, mientras me lo haya pensado que lo ganaría, pues me lo he pasado mucho mejor. ¿Para qué voy a preocuparme antes de hora?
Y cuando para ti, y tal vez no quiero que suene mal esto, Dices he entrenado a muchos chicos, sí, son muchas fichas las que has podido tener en la mesa, y eso no significa que haya menos compromiso, pero para Rafa era su única vida, no su meta.
Tampoco lo creo. Rafael empezó a jugar al tenis sabiendo que le gustaba mucho más el fútbol que el tenis. Después las cosas fueron yendo muy bien, quedó campeón de España, campeón de Europa, campeón del mundo, y se decantó por el tenis, pero Uno normalmente no tiene una idea fija de— No, yo creo que la vida no es tanto, es decir, lo que te mueve no es el reto que tú te marcas, sino la necesidad de marcarte retos. ¿Entiendes? Hay una sensible diferencia, ¿sabes? No es que ¿Por qué quería yo, desde que empecé a entrenar, entrenar a alguien bueno? Porque este era el reto. Lo mismo que cuando dejo de entrenar, me propongo otros retos, porque esto es lo que me hace sentir vivo. Entonces, lo que nos marca sobre todo es esta necesidad de retarnos, de obligarnos a, bueno, Decía un filósofo, un filósofo no, un neurólogo psiquiatra muy importante, Viktor Frankl, decía que el hombre, para tener una vida sana, lo que necesita es luchar por un objetivo, sabes, un objetivo que valga la pena luchar hasta conseguirlo. El, sabes, no tener retos en la vida, él decía, no es una actitud psicohigiénica, sabes.
Y creo que es así tu estilo de entrenamiento, ciertamente sumamente efectivo, también muy debatido. Mientras hoy vivimos una época en la que muchos papás sobreprotegen, sobreprotegemos, tú optaste por una vía totalmente opuesta.
Yo me muevo por la lógica, yo me muevo por la lógica y por el sentido común. Yo Cuando yo empecé a entrenar a Rafael y tenía claro el objetivo, que era llegar lo más alto posible, yo qué pensé, el objetivo que buscamos será muy difícil. Si será muy difícil, me tengo que preparar para la dificultad. ¿Cómo se prepara uno para la dificultad? Pues fortaleciendo el carácter. Tú, en la vida hay dos caminos, dos maneras de entender el mundo. Una, o me aseguro todas las cosas que serán necesarias para conseguir lo que me he propuesto, o intento no necesitar casi nada para conseguirlo. Si intento no necesitar casi nada, necesito un carácter fuerte. Eso es lo que yo hice. Hay algo, intentar ayudar a fortalecer el carácter de Rafael, porque yo sabía que en gran medida lo que marca la diferencia es esta capacidad de aguante mental, aguantar un poco más que los demás. Pero es que aparte, para mí el deporte, yo no soy un obseso del deporte ni atribuyo al deporte más valores de lo que Bueno, los valores que mucha gente le atribuye, no, no, los valores no son inherentes a lo que haces, sino que son inherentes a tu persona. Tú puedes ser un deportista correcto o incorrecto, lo mismo que un empresario correcto e incorrecto. Entonces, no, para mí las cosas son bastante simples hoy en día. ¿Qué camino tengo? No, no, yo protejo al máximo al chico para que... O le propongo dificultades para que él se esmere y aprenda a solventarlas. Yo elijo el segundo camino.
¿Hay algo en cómo creciste tú, en tu infancia, que te haya formado así?
No, no, no. Fue un tema de observación y de reflexión. Yo tuve una infancia normal. Bastante buena o muy buena, en una familia bien estructurada, con unos padres normales que nos dieron todo lo posible. No, es un tema de reflexión. El valor del deporte, ¿qué es? La superación personal. Entonces, yo, cuantas menos ayudas me meta, más me tendré que superar. Y al final sigo pensando que las cosas son así. Mira, hay frases. San Agustín decía: es malo sufrir, es muy bueno haber sufrido. Es toda misa. Queremos no sufrir. Bueno, habrá un momento que tendrás que sufrir siempre, porque esto es lo que da valor al ser humano. Si no, pues, ¿qué hacemos? Pues nos evitamos todo tipo de de problemas, ¿tendrá sentido una vida así? Creo que no.
Rafa nunca rompió una raqueta y dices que es gracias a haber forjado su carácter.
Rafa nunca rompió una raqueta porque para mí hubiera sido una monstruosidad. Creo que para él también. Pero Rafael no rompió una raqueta, evidentemente. Yo le decía a Rafael cuando llegaba a la pista, lo primero, buena cara. La actitud depende de nosotros. Esto no puede fallar nunca, sabes. Puede fallar lo otro. Yo le decía también: será imposible dominar la pelota si no dominas tu voluntad. Al final, yo tengo que aprender a controlarme. Después tengo que aceptar la realidad, sabes. El que rompe una raqueta es porque no acepta, porque no acepta el error, no acepta que él no es suficiente. Suficientemente bueno. Tienes que aceptarlo. Yo a mi sobrino le decía cuando era pequeño, cuando fallaba alguna vez y ponía alguna cara extraña, le decía: oye, falla Sampras y no vas a fallar tú, que eres mucho peor. Pues claro, pues fallas, no pasa nada. El error como el acierto me tiene que servir siempre para progresar. Entonces no No concibo romper una raqueta porque es, aparte de que es un muy mal hábito, es una falta de gratitud a la vida, es una falta de respeto para gente que no tiene la posibilidad ni de comprarse una raqueta. Oye, tú la rompes y otro no tiene ni eso. Y oye, si quieres castigar a la raqueta, dásela a alguien, no la dejes allí rota. Y después, lo que te decía, es una falta de ánimo, es una búsqueda, creo, exagerada de la inmediatez, y sobre todo es una sobrevaloración personal. Por eso la gente nos frustramos, porque nos sobrevaloramos, porque nos creemos que aquello que nos están— bueno, aquello que tenemos que superar Pues por ser quienes somos lo tenemos que superar. No, la vida no es así.
O sea, lo que quieres decir es, y no sé, déjame ver si lo estoy entendiendo, tendríamos que bajar las expectativas que tenemos de nosotros mismos.
No, no, no, para nada. Tenemos que mantener las expectativas muy altas. Lo que tenemos que saber y conocer nuestra realidad. Oye, yo no soy Roger Federer. Si Roger Federer falla, ¿cómo quieres que no falle yo? ¿Entiendes? Esto es lo que explico muchas veces aquí a los chicos. Rafael ha fallado mil veces, ha aguantado mil veces de fallar, mil veces de volverlo a intentar. Tú resulta que fallas una vez y ya te desesperas. ¿Por qué te desesperas? Que es que no sabes hacer. Si fallas es que no lo sabes hacer. Entonces no te desesperes. El error es consecuencia de tu habilidad. Si no tienes tanta, pues fallas. Ahora corrígete, intenta superarte. Y a mí las expectativas siempre igual de altas. ¿Por qué? Porque yo siempre creo que todo en la vida se puede mejorar. Todo. ¿Hasta qué nivel? No lo sé. Pero si estoy dispuesto a superarme, siempre tendré esta opción.
¿Cómo se pone buena cara? ¿Cómo? ¿Cuál es este ritual? ¿Cuál es esta conversación que se tiene con uno mismo antes de enfrentar un reto grande para llegar con buena cara?
¿Cómo se pone buena cara? Pues yo le decía a mí, yo uso siempre ejemplos e ideas muy simples. Yo le decía a mi sobrino: mira, a mí nunca Nunca me sirvió bien una dependienta con mala cara, nunca me atendió bien un camarero con mala cara. Nadie hace bien un trabajo con mala cara. Luego, cuando yo voy a una cafetería, quiero que el camarero me ponga buena cara. Luego tú tienes que intentar hacer lo mismo, y además es muy difícil aprender y mejorar sin buena cara, sin una buena actitud. Si tú tienes una visión negativa, será muy difícil que después te salga lo positivo.
¿Y había algún tipo de ritual, algún ejercicio de respiración? Nada.
Yo no creo en casi nada. Yo creo en el dominio de la cabeza por encima de todo.
¿A base de fuerza bruta? ¿De diálogo interno? ¿Cómo se domina la cabeza?
¿Cómo se domina? Pues con una alta exigencia. Lo primero, aceptando la realidad. Oye, ¿yo quién soy? Yo soy Toni Nadal, soy Rafael Nadal. Si soy Toni Nadal, para llegar a ser un gran jugador necesitaría entrenar 25 horas cada día. Si soy Rafael Nadal, Necesito entrenar 3 horas cada día al 100% o 2 horas al 100%. Y si soy Roger Federer, pues a lo mejor con una hora y media le basta. Bueno, yo acepto esta realidad, ¿entiendes? Estoy dispuesto a pagar este precio. La vida es muy simple. Después, yo no sé, hoy en día hay una necesidad de complicarlo todo. Respiración, esto, lo otro. Es probable que a según quién le vaya bien. Yo particularmente, que entiendo, escucho, voy, cuando yo voy a entrenar, yo tengo que mejorar el revés, el drive, pues levanto la mano e intento que la pelota me vaya en aquella dirección. No va, pues busco la razón de por qué no ha ido allí. Y en la siguiente ocasión intento corregir este movimiento. Te necesito respirar. No, después, si tengo una alta exigencia y me acostumbro a esta alta exigencia, al final las cosas suelen salir bien.
Alta exigencia, y tú lo llevabas al límite, al grado de fabricar situaciones que no eran naturales. Entrenar en canchas desgastadas con pelotas viejas, extender la duración del entrenamiento.
Porque entendía que esto es la vida. En la vida, la adversidad forma parte de la vida. Y la adversidad sale, yo no sé cuándo me va a salir la adversidad, ¿sabes? Pero es que aparte, yo sé que el factor decisivo casi siempre es la capacidad de aguante. La capacidad de aguante se entrena, ¿entiendes? Hoy en día es muy difícil entrenarla porque hoy en día Pues vamos hacia otro mundo, vamos a un mundo de facilidad, vamos a un mundo donde todo tiene que estar impecable. Claro, entonces para jugar bien tú vas a necesitar todo eso. Y lo que sé es que casi siempre no es el flechero lo que te hace que des a la diana, es el indio. El indio es el que tiene la puntería. Y eso va en todo. Entonces, Goethe decía una cosa que creo que también es totalmente válida. Él decía: el talento se educa en la calma, el carácter se construye en la tempestad. Y creo que es así. Para construir un carácter fuerte se necesitan hechos. No lo vas a hacer sin Sabes, con palabras es muy difícil y con palabras agradecidas todavía mucho más.
¿Recuerdas alguna ocasión en la que hasta tú propiamente hayas dicho: "Tal vez esta vez fui demasiado lejos"?
Sí, muchas.
Cuéntame alguna.
No te las puedo contar porque no es una situación, era una situación de exigencia de no quedar suficientemente contento con los golpes, con esto, con lo otro. Pero no es del día 5 de enero pasó eso, no. Eso es un tema que evidentemente yo sabía que le ponía un listón muy alto a mi sobrino porque creía que le ayudaría a que pudiera superar a los otros que se le presentarían más adelante en la vida. Yo lo he dicho también en muchas ocasiones Yo fui muy exigente con mi sobrino, a veces demasiado. Nunca lo fui por mí, ¿sabes? Por tener a un chico que ni tan siquiera lo hice, no lo hice ni por la victoria. Lo hice sobre todo por el proceso y lo hice por 2 o 3 razones más. La primera, porque sabía que el reto al que nos íbamos a enfrentar sería muy elevado. Entiendes, por eso impuse una alta exigencia. En segundo lugar, porque siempre vi a un chico dispuesto a aguantar esta exigencia. Pero en tercero, y más importante, el más importante de todos, yo fui muy exigente porque yo tenía una gran estima por mi sobrino. Yo nunca sería exigente con nadie por el que no siento una estima, un gran aprecio. Y yo procuré sentir aprecio y estima Por todos los chicos que entrené, por eso fui exigente con ellos. La gente que no es exigente contigo normalmente no quiere tu bien. La gente que quiere tu bien te exige, porque esto marca la diferencia futura y presente, sobre todo interior.
Algún emprendedor colombiano muy exitoso me dijo: en esta empresa te exigimos porque te respetamos.
Claro. Normal. Pero es que aparte, bueno, es que hoy en día vivimos en un mundo que parece que la ambición, parece que la exigencia está mal vista, el esfuerzo. Nosotros todos, tú y yo, todo el mundo, vivimos en un mundo mucho mejor que el de antes. Vivimos en un mundo, o tenemos unas facilidades, más calidades de vida, gracias a mucha gente que se esforzó, sabes. Gracias a gente que con su estudio, pues, incansable, pues mejoró. Yo qué sé, médicos que con su estudio continuado mejoraron nuestra calidad de vida y nuestra expectativa de vida. Arquitectos que con su estudio mejoraron nuestros habitáculos. Yo le he dicho muchas veces, yo cada vez que iba a Roma, cada año he ido 20 veces, pues siempre iba 2 o 3 veces durante la semana al Vaticano. Una de las cosas que hacía era contemplar la estatua de Miguel Ángel de la Piedad. Yo pude contemplarla 500 años después gracias a que un tipo dedicó un año de su vida a intentar hacer las cosas muy bien, sabes. Y esto es lo que creo que nosotros tenemos que trasladar también. Nosotros vivimos, tenemos unas condiciones de vida muy buenas gracias a toda esta gente, gracias a más gente, pero sobre todo a estos que quisieron hacer las cosas muy bien. Luego creo que nos toca Dejarles a las generaciones posteriores también contribuir a su bienestar, a un bienestar superior. Y para mí todos los trabajos son importantes. Cuando yo paso un control de aeropuerto, pues el que me atiende, si me atiende con buena predisposición, con buena cara, pues hace que la vida fluya mejor. ¿Entendés? Hace que todo funcione un poco mejor. Si yo voy a un restaurante, pues todo, para mí todos los trabajos son importantes. Lo que marca la diferencia es quererlos hacer bien, y eso creo que es lo que deberíamos intentar. El mensaje de él sería: oye, hagas lo que hagas, intenta hacerlo bien, intenta hacerlo de la mejor manera posible. Una sociedad no puede funcionar bien si cada uno de nosotros no nos comprometemos a intentar hacer las cosas de la mejor manera posible, ¿sabes? Porque además el compromiso crea confianza. Yo cuando veo a alguien que se compromete con su trabajo, pues tengo confianza. Yo le decía a mi sobrino cuando era joven Ostras, cuando vas al médico, cuando vamos al médico, todos queremos su máxima implicación, que ponga atención, que lo haga bien, porque si no tenemos un problema. Luego, si le exigimos al médico eso, tenemos que responder igual. A mí no me gusta volar. Imagínate que el que hace el control del avión no pusiera atención y no vigilara si un tornillo va bien o mal. Pues me pondría mi vida en peligro. Claro, yo necesito que él se comprometa, yo necesito su compromiso. Pues todos necesitamos comprometernos de igual manera.
Hablas tú de una distinción importante entre perder y no ganar.
Sí, pero a ver, yo de lo que hablo es que yo le decía a mi sobrino Yo puedo perder con mi rival porque el rival puede ser mejor que yo. Yo no puedo perder conmigo mismo. Esto es lo primero. Después, yo de lo que hablo es de: ¿es un fracaso la derrota? No, para mí no es ningún fracaso la derrota. La derrota significa que o bien no he hecho las cosas como debería haberlas hechas, o bien no he aprendido lo suficiente Y con toda seguridad tengo que intentar mejorar diversos aspectos de mi juego. Después, el fracaso es no hacer, es perder contigo mismo. Esto sí que es un fracaso.
Dices que desde muy joven tú no asumiste la responsabilidad del éxito de Rafa, que la asumió él.
Es que es él el que lo hizo, no fui yo. Yo fui un entrenador muy exigente cuando Rafael era pequeño, pero yo siempre intenté que esta exigencia se volviera autoexigencia. Yo no concibo en una sociedad madura estar estirando constantemente a alguien. No, no, uno tiene que ser responsable. Tú no haces las cosas por mí. Rafael no las hacía por mí, las hacía por él. Y yo le decía: bueno, tú elegirás, tú. Yo le daba mis consejos, yo le pedí esfuerzo, yo le pedí por encima de todo que fuera consecuente con lo que había elegido. Que esto es lo que creo que tenemos que hacer también todos. Tenemos que ser consecuentes con la elección. Tú eliges ser un trabajador excelente, un trabajador normal. Yo apuesto por ser un trabajador excelente, por intentarlo. Si tú quieres ser un trabajador normal, perfecto, es tu decisión. Creo que no toca, pero bueno, tienes que saber que tendrás que pagar un precio. No necesitarás grandes cosas. El viernes a las 3 te irás a casa o no pondrás mucha atención. Yo creo que tendrás que pagar un precio, probablemente tendrás una remuneración menor, pero creo que con toda seguridad tendrás una satisfacción personal menor, tienes la satisfacción profesional menor. O tú eliges ser un trabajador excelente Pues tienes que pagar un precio. El precio es una mayor preparación, una mayor dedicación. Si todo va bien, tendrás una remuneración mejor, mayor. Con toda seguridad tendrás una satisfacción profesional y personal mejor.
¿Cómo asumes? Hay varias historias, ¿no? De Rafa asumiendo la responsabilidad y el compromiso en lesión. Esta historia de la raqueta rota, que no se había dado cuenta. ¿Dónde este compromiso ciego puede empezar a jugar en tu contra?
No juega en tu contra. En los años de formación nunca juega en tu contra. En los años de formación, lo que es bueno para un profesional no necesariamente es bueno para un chico en formación. Aquí no juega en tu contra porque tú te va a ayudar, todo te va a ayudar. Si lo haces de manera consciente y lo haces sabiendo lo que estás buscando. Evidentemente, si tú tienes una raqueta y no funciona, pues te va en tu contra.
Cuéntame esa historia.
Bueno, la historia es muy simple, Rafael. Fuimos a jugar un torneo, yo llevé a 2 chicos de Mallorca a jugar este torneo, que era un Future, que es la antesala del circuito profesional. Les pusieron el partido a la misma hora. Yo me fui a ver al otro jugador para que no se sintiera desplazado, ya que yo era el tío de Rafael. Y yo veía jugar a lo lejos a mi sobrino, y mi sobrino hacía un desastre total, perdía 5-0. Yo no entendía nada. En esto vino un exjugador de tenis amigo mío y me dijo: Oye, tu sobrino no tiene otra raqueta, creo que está jugando con una raqueta rota. Cuando la raqueta está rota, el marco, que el marco está crujido, la raqueta suele vibrar y es muy difícil controlar la pelota. Me acerqué a la pista de Rafael y le dije: oye, Rafael, creo que tu raqueta está rota. Y el tío la miró y dijo: justa, sí. Y la cambió. Bueno, siguió jugando. Al final acabó perdiendo el partido. Al principio perdió 6-0 porque iba 5-0 en aquel momento. Acabó perdiendo 7-5 en el segundo, y cuando acabó yo me acerqué a él y le dije: Oye, Rafael, ¿me puedes decir que un tío después de tanto tiempo de jugar al tenis no sabe ver cuándo una raqueta está rota? Y él me contestó, que fue muy elocuente, me dijo: Mira, estoy tan acostumbrado a tener siempre la culpa yo que para nada me hubiera imaginado que era la raqueta la que me hacía jugar mal. Así creció Rafael, sabiendo que cuando las cosas iban mal era por su culpa, era por su culpa o por su, era su responsabilidad. Hoy en día, ¿qué pasa? Y yo lo veo aquí con muchos chicos, cuando las cosas van mal siempre, siempre algún factor externo, o el viento, o alguien que se ha movido, o alguien que ha dicho esto, el entrenador que no sabe. Claro, así es más difícil avanzar.
Cero excusas.
Cero excusas. Yo no pongo excusas porque cuando alguien me las pone a mí, yo pienso: este tío es tonto, se cree que yo me las creo. Luego, si yo las pongo, sé que tú no te las vas a creer tampoco. Por eso ya no. Engañar me podría interesar, pero sé que no me las vas a creer. Por eso no pongo excusas. Asumo que no soy suficientemente bueno y no pasa nada.
Dices que también hay que asumir que las cosas saldrán mal.
Es que hay que asumirlo. Es que nadie— yo le decía a Rafael: hacer las cosas bien nunca nos va a garantizar el éxito. Hacerlas mal casi siempre nos va a garantizar el fracaso. Luego, puestos a elegir, elijamos. Es clara la elección. Al final, ¿quién me va a garantizar que esto de que si tú quieres puedes no es cierto? Si Alcaraz quiere ganar Wimbledon y Sinner también, uno de los dos no lo va a hacer, sabes. Entonces, hacer las cosas bien no te garantiza, te garantiza la tranquilidad personal, pero no te garantiza el éxito, porque nadie te lo puede Candy.
En este proceso, que es un proceso largo, parece un juego infinito, interminable. Hay quienes festejan los logros y se los reconocen, y hay otros que dejan notas después de tu primer rolando.
Yo lo festejé, lo que yo no dejé nunca, que un éxito presente pudiera pudiera dificultar un éxito futuro. Yo esa nota, bueno, contaré. Yo fui a, fuimos a hacer una pequeña celebración después del primer Roland Garros. Yo regresé a la habitación, Rafael se quedó de fiesta, él al día siguiente se iba a Alemania, y yo me puse aquella misma noche a redactar todo lo que mi sobrino no había hecho suficientemente bien en la final, porque le quería pasar la nota por debajo de la puerta de la habitación para que él la viera cuando antes de irse a Alemania. Ya no me acuerdo todo lo que hizo mal Rafael, pero sí que recuerdo una frase que le escribí. Le dije: mira, hoy hemos tenido mucha suerte porque creo que tu rival jugó mejor que tú. Pero tú has sido capaz de derrotarle. Si el año que viene sigues haciendo lo mismo, tranquilo, que no vas a repetir el título. A mí me gusta animar. Le dije: no vas a repetir el título y va a depender de ti. Y después le escribí unos nombres, le dije: mira, antes que tú, Carlos Moyá, no lo digo por mal, porque tiene un gran mérito haber conseguido ganar un Grand Slam, Un torneo del Gran Slam. Yo le dije antes que tú, Carlos Moya, Juan Carlos Ferrero y Albert Costa también ganaron su primer Roland Garros. Todos nos creímos que ganarían alguno más y se quedaron solo con uno. Otra vez vas a decidir tú. Hay otra lista: Bjorn Borg, Kuerten, Mats Wilander, que sí que consiguieron repetir el título. Otra vez vas a decidir tú en qué lista quieres estar, si en la lista de los que han repetido, en la que no. Pero repetir va a costar y tienes que seguir mejorando.
¿Alguna vez comentó esa nota contigo?
No, creo que no, no la comentamos nunca porque él se fue de allí, se fue a Alemania a jugar el siguiente torneo, y yo me vine a Mallorca. Nosotros, a ver, no somos muy dados a hacer grandes comentarios, no.
Porque él debía estar suficientemente contento con la victoria y debía pensar: «¿Este tío qué me escribe aquí?» Oye, ¿y este tipo de relación de exigencia que tú como entrenador tenías con Rafa, cómo se maneja con el hecho de que sea su tío? ¿Cómo reaccionaba tu hermano?
Es más fácil. Hombre, a veces mi hermano me dijo: «No seas tan exigente conmigo».
¿Y qué le respondías?
—Lo mismo. —Nada. No, no. Si consideraba eso, pues era su padre, faltaría más. Su padre es el que decide, no yo. Como yo tenía la conciencia tranquila de que lo hacía por él, pues al final depende. La vida, oye, yo entiendo la exigencia porque me da sentido a la vida. Por eso lo soy.
Hubo momentos críticos en la carrera de Rafa, uno de ellos cuando reciben este diagnóstico de la lesión en el pie en 2005. ¿Cómo se maneja mentalmente?
Algo duro, porque muy duro, porque allí nos dijeron que prácticamente la carrera estaba casi terminada, porque Rafael tiene una lesión que casi invalida. Una lesión, tuvo una lesión además dolorosa Rafael, para que el doctor nos dijo que los otros pacientes que él tenía hacían deporte muy light. Este mismo doctor, 2 años más tarde, me dijo a mí: no entiendo cómo juega este tío. Yo he visto salir cojo muchas veces a mi sobrino de una pista, he visto en muchas ocasiones no poder acabar el entrenamiento, tenerse que tomar un calmante en partidos de esos a 5 o 6, cuando se alargaba el entreno. Mi sobrino tuvo una gran cabeza porque es muy difícil jugar y no prestar más, no dejar de prestar atención al pie. Es muy difícil y él lo conseguía hacer. Yo a veces en los entrenos, a partir de ese momento, le decía a Rafael: no, no fuerces tanto, que mejor no. No, no, no, no llevar el pie al límite.
Impusiste una regla de no hablar de la lesión.
Sí, yo dije a los, al resto del equipo: por favor, no habléis de la lesión, porque la lesión no tiene solución. Y cuando tú hablas mucho de un problema, lo agrandas. Eso es matemático. Si yo estoy hablando todo el tiempo de un problema, pues el problema se vuelve mayor. Yo al final sabía que la solución del pie teóricamente no había. Encima no estaba en nuestra mano. Y a mí, cuando Rafael venía, las pocas veces que vino a contarme del pie, porque él sabía, yo cuando venía yo le decía: Rafael, esto es lo que hay, con eso tenemos que jugar, con eso tenemos que jugar, y tranquilo que va a ir bien, pero tenemos que jugar con eso. No lo hacía por falta de de estima, es todo lo contrario, porque creía que así le ayudaría a superar el problema. Y después yo le decía a Rafael: no te quejes, que la vida nos ha tratado mucho mejor de lo esperado, mucho mejor de lo que merecíamos. Al final, en la vida hay mucha gente que tiene problemas, hay mucha gente que no llega a final de mes, gente que tiene problemas de salud, gente que tiene problemas familiares, económicos. Esto es, nosotros al final sería una falta de agradecimiento no quejarnos más de la cuenta. Y eso es lo que ellos procuraban que Rafael no hiciera, que no se quejara. Porque además yo he podido comprobar en la vida que la inmensa mayoría de gente que se queja es la gente que está menos dispuesta a hacer algo para cambiar su situación. La gente que quiere cambiar procura no quejarse. Bueno, tengo esto y lo tengo que solucionar. El que no tiene ánimo para cambiar, pues va hablando del problema, del problema, y eso no es la manera de solucionarlo.
Háblame de este otro momento, de las constantes interrupciones durante la final de Wimbledon 2008.
Terrible, el partido peor de mi vida. Porque recuerdo que cuando llevábamos 12 minutos, miré el reloj que ponía esos 12 minutos de juego y me giré al manager, a Carlos Costa, y le dije: lo que me queda por sufrir. Porque el partido, y bueno, el partido fue, no estaba cubierto el estadio. Y se fue interrumpiendo por lluvia. Recuerdo que en un momento dado, en una de las interrupciones, Rafael estaba ganando 2 sets a 0 y el partido no sé si estaba, ya no me acuerdo, 2-2 o 3-3 y 40 iguales de Federer. 40 iguales. Y yo le dije: tranquilo, Rafael, Federer estará nervioso ahora en estos 2 saques, le va a afectar. No, porque él me dijo: ahora no era el momento de hacer llover. Porque esto viene de una anécdota que me pasó hace muchos años con él, cuando él era un crío, que se creía que yo podía hacer llover, y me hizo el chiste este, ¿no? Y yo le dije: tranquilo, que Federer ahora sí que va a notar la presión, 40 iguales. Y cuando regresamos a la pista nos metió 2 aces. Así es que no notó presión de nada. Y el partido se fue interrumpiendo varias veces y la situación se volvía cada vez peor para Rafael, porque pasó de ganar 2 sets a 0, el otro le igualó, tuvimos match ball, no lo realizó. En el cuarto set, Rafael tuvo una ventaja casi decisiva, tuvo 5-2 en el tiebreak y 2 saques. Lo perdió, perdió el match ball. El partido se interrumpió por última vez con 2-2 en el quinto set. Y bueno, yo estaba destrozado porque creía que se nos habían escapado las oportunidades de de alzarnos con la victoria.
¿Habías mentalmente tirado la toalla?
Yo no había tirado la toalla, pero sí que estaba muy afectado porque decía, después de haberlo tenido tan cerca, ahora cómo se ha ido el tema. Y cuando me iba al vestuario para reunirme con Rafael, le dije, yo pensaba que le digo para animarle a Rafael porque me me pensé que me lo encontraría cabizbajo. Y me lo encontré cabizbajo porque se estaba atando el zapato, no por nada más. Y bueno, a mí no se me ocurrió otra cosa que decirle: Rafael, no pienses en las oportunidades perdidas, haz un esfuerzo, intenta llegar al 4-4, haz un esfuerzo inhumano para Para llegar al 4-4, y en el 4-4 Dios decidirá, le dije. Si tenemos suerte, ganaremos, y si no, pues a intentarlo otra vez. Y él levantó la cabeza y me dijo: tranquilo, que yo no voy a perder, yo no voy a perder. Después rectificó y dijo: bueno, a lo mejor Federer me va a ganar, pero yo no voy a fallar. Y si Federer me gana, el año que viene volveré a estar aquí en la final. Tranquilo, que yo no voy a fallar. Cuando me fui a la pista, Carlos Costa me preguntó: ¿Qué tal? ¿Cómo está Rafael? Y yo le dije: No sé si me ha engañado este tipo, pero el tipo está bien. Le conté lo que me había contestado: No sé si me ha engañado. Y cuando lo vi salir y vi su cara, le dije a Carlos Costa: Este no nos ha engañado, este está bien, este va a luchar. Sabes, este no se va a entregar. Y al final tuvimos suerte y consiguió la victoria.
Dices que no se esperan a la derrota para aprender.
No, claro, tienes que ser muy tonto para esperar a perder para ponerte a mejorar. Yo toda la vida supe que de la victoria a la derrota había un pequeño margen. Y no esperes nunca a perder para intentar corregir. Lo mismo que te conté antes con Roland Garros, había ganado el torneo, pero yo le dije: tienes que mejorar esto, esto, esto y esto. Nunca esperes una derrota, porque además la derrota tiene un problema en el tenis, que no te dejan jugar más en aquel torneo, te tienes que ir a otro. Entonces mejor aprovechar cualquier oportunidad. Pero de todos modos lo sabemos todos, de la derrota a la victoria hay un pequeño margen en muchas ocasiones. Son detalles. Entonces no esperes.
¿Hay alguna derrota que recuerdes de la que hayan aprendido más?
Sí. Las que hicimos con con Djokovic en el 2011, alguna final. Y le dije: "Rafael, tenemos que cambiar. El golpe que le estás haciendo no es suficiente para derrotarle". Y durante todo un mes, a final de año, estuvimos un mes entrenando normal, preparando la siguiente temporada, pero siempre dejamos 45 minutos para intentar mejorar aquello que nos permitiera derrotar otra vez a Djokovic. Y lo conseguimos.
¿Qué creencias comunes sobre el entrenamiento de alto rendimiento crees que son falsas?
La tira. Para mí, para mí hay que simplificar, sabes. Yo parto de principios muy simples, es decir, yo prácticamente hice lo mismo cuando empecé a entrenar en el club de tenis de Malacor que cuando estuve entrenando en Australia preparando la final. El concepto era el mismo. Yo tenía una máxima que se la trasladé a Rafael: Rafael, golpea la pelota cada vez lo mejor que puedas. Esto es la exigencia. Y le añadía: y no esperes hacerlo el día de la final de Roland Garros o Wimbledon, porque no va a llegar. Acostúmbrate a golpear la pelota cada vez de la mejor manera posible. El reto principal, el reto era nuestro, era ganar Roland Garros, Wimbledon, o llegar al número 1. Pero el principal reto siempre fue mejorar, y ese fue el mismo reto cuando Rafael tenía 12 años y cuando Rafael tenía 20 años. Tú sientes que lo que sabes no es suficiente e intentas mejorar. Hoy en día, después, hacemos por la necesidad del relato, hacemos, todo el mundo hace estadísticas, estudios biomecánicos, estudios tal, nutricionistas, psicólogos. Al final es mucho más simple, sabes. Todo queda muy bonito, y es verdad que para según quién le puede ayudar, pero en líneas generales lo que te ayuda es la determinación a mejorar. Y esto, desde que tienes 10 años y hasta que tienes 35, es lo que tienes que tener por encima de todo.
Estos principios deben de ser aplicables, como tú lo dices, lo que pasa dentro de la pista pasa fuera de la pista.
Yo siempre sentí que todas las cosas tenían un denominador común. Yo nunca hice nada, no apliqué nunca ningún criterio dentro de una pista que no lo aplicara fuera. Siempre pensé que lo que me servía fuera me serviría dentro de la pista, e igualmente los mismos valores. Respeto al rival, lo mismo que respetas a la mujer de la limpieza del hotel o al chófer que nos llevaba al club. Esfuerzo, compromiso, pues lo mismo que tienes el compromiso y el en la pista, fuera también, con la gente, con todo el mundo, siempre es lo mismo.
Si aplicaras estos principios a un emprendedor que estás tomando desde cero, sé que tú hablas con muchas empresas y demás, un ejecutivo, un emprendedor, aplicando estos principios, ¿qué ¿Qué le dirías o cuáles de estos principios aplicarías para ayudarlo a sobresalir?
Bueno, lo mismo que apliqué con Rafael. Y yo, yo, ¿qué miraría siempre? Yo lo he dicho antes, yo analicé las características físico-técnicas y mentales de Rafael, porque yo tengo que actuar según estos criterios. Yo no voy a hacer el mismo entreno si tengo a Federer que si tengo a Rafael. No voy a hacer el mismo entreno si tengo a a Djokovic que Alcaraz. No, según lo que tengo, hago. Si soy un empresario, tengo que ver, ostras, a ver qué es lo que, qué producto tengo que vender y qué tengo que hacer con este producto, qué necesidades tiene el mercado y cómo coloco el producto. Pues a mi modo de ver es así de simple. No, no, no No le veo muchas más cosas, sabes. Ahora, evidentemente, todo el mundo tiene que estar dispuesto a pagar un precio para conseguir las cosas. Y yo, a nivel empresarial, a veces lo he dicho en algunas charlas, o tienes un muy buen producto o tienes un excelente marketing. Y normalmente el marketing sin producto tiene una vida muy corta. Por consiguiente, tienes que obligarte a tener un muy buen producto.
Ahí mi pregunta es: ¿cómo creas una cultura de exigencia tan alta? Me encanta este concepto de la exclusiva incumbencia, ¿no? Es responsabilidad total, pero sin romper a la gente.
Bueno, ¿por qué se rompe la gente? A ver, ¿por qué se rompe? Se rompían antes tanto la gente, se rompen en África, Gente que está mucho peor que nosotros, y ahora resulta que aquí nos rompemos tan fácilmente. No, tú, si tú no eres capaz de soportar esta exigencia, no lo hagas. A mí me han preguntado muchas veces: ¿hasta dónde esta exigencia? Y yo le digo: hasta que te compense. Si tú esta exigencia te lleva por un camino que tú no puedes soportar, no la tengas, claramente. ¿Cómo la vas a tener? Ahora tienes que ser consecuente con lo que eliges. Tú sabes que si no tienes una alta exigencia, no vas a poder ser un gran jugador. Bueno, no quiero pagar este precio. Perfecto, es romper. Claro, es que hoy en día resulta que la gente es mucho más endeble, porque hoy en día necesitamos cambiar. Vemos que la gente, hay bastante más absentismo laboral hoy en día que antes. ¿A qué responde esto? Porque las condiciones de trabajo son mucho mejores que las de antes. Hoy creo que nos cuesta aceptar que las cosas no estén siempre muy bien. Y evidentemente también nosotros hemos dicho del estar bien, el bien esencial. Sabe, nosotros tenemos que estar bien hasta el punto que casi detestamos todo aquello que nos molesta, que nos incordia, aquello que nos perjudica o que nos incomoda, lo llegamos a detestar, sabes. Claro, sí, es muy difícil. Mi sobrino Pues le gustaba jugar al tenis, pero había cosas que no le gustaban tanto: la preparación física, el tenerse que ir a Australia el 26 o 27 de diciembre, el tener que estar lejos de la familia. Bueno, sabía que tenía que pagar aquel precio, pero claro, necesitas— yo lo que sé es que normalmente te sientes mejor cuando has tenido una buena exigencia. Cuando acabas el trabajo.
La felicidad, ahorita que estabas hablando de felicidad, ¿es compatible con la exigencia, con la excelencia extrema?
Es al revés. Es muy fácil de ver. Ve a preguntarle a la gente quién es más feliz. Vamos a verlo. Vamos a ver. Yo creo que confundimos un término hoy en día. Que es estar contentos con ser feliz. Estar contentos es un momento, es un estado puntual. Ser feliz es un estado general. Vayamos a preguntar a la gente, vayamos a hacer una estadística. ¿Quién suele ser más feliz en la vida? Normalmente es más feliz aquel que se siente útil. Aquel que ha cumplido con su cometido, aquel que ha hecho las cosas como debieran, yo creo que es más feliz. Si tú eres más feliz haciendo, siendo poco exigente, pues es tu decisión, perfecto, cada cual. Yo soy un pelín más feliz si me exijo hacer las cosas bien, tengo la sensación de que he hecho lo que toca.
Me llamó mucho la atención este libro, Sirve Nadal, responde Sócrates. ¿Cómo llegas a estos paralelismos entre la filosofía griega y el deporte?
Bueno, esto lo escribí con un filósofo amigo mío. Y, ¿cómo se llega? Pues es que al final es lo mismo. Si tú lees a los antiguos griegos, Pues muchos de los principios son aplicables hoy en día. Yo vi el año pasado, vino Sverev a preguntarme si le podía entrenar. Y yo le dije: no es un tema mío, es un tema tuyo, sabes. No, le dije, no es. Yo no voy a cambiarte, eres tú el que tienes que cambiarte. Y leí una frase de Aristóteles que dice: el pensamiento condiciona la acción, la acción determina el comportamiento, el comportamiento repetido crea hábitos, y los hábitos estructuran el carácter, y el carácter marca el destino. Hace 2000, casi 2400 años, que Aristóteles dijo eso. Ostras, es decir, Ya antes se pensaba, sabían que era esto lo que movía el mundo. Sabes, hoy en día queremos cambiar y queremos, no, tienes que crear unos hábitos correctos. Aristóteles decía, hablando de la felicidad, la frase no recuerdo muy bien cómo era, decía No, muy cuerdo tiene que estar uno que elige algo que le perjudica para ser feliz, sabes. Y es así. Al final, vayamos a ver qué es lo que te hace más feliz, qué es lo que yo puedo. Mira, yo puedo irme a mi casa y estar sentado en el sofá y no hacer nada. Tengo ya una edad, las vidas más o menos me ha ido bien, puedo hacer eso. Yo creo que no seré feliz. O puedo elegir, bueno, hacer, trabajar, intentar ser útil, intentar hacer cosas a veces que me desagraden incluso. Creo que esto al final me va mejor. Pero ya te digo, es un tema estadístico. Si nos vamos a, cogemos distintos criterios de edad y hacemos la misma pregunta y vemos que el que es más feliz es el que no se marca ningún objetivo, el que va de fiesta en fiesta, el que hace esto, el que hace lo otro, pues vamos a hacerlo, porque el fin último es ser feliz. Entonces, si lo que nos hace feliz estar tumbados todo como un animal, pues será cuestión de hacer eso, sabes. No como un animal en el mal sentido, no como el resto del mundo animal. Pero si lo que me va a hacer más feliz es tomar según qué sustancias, emborracharme o hacer esto, lo otro. Lo que pasa es que esto tiene sus consecuencias también. Y hay que ver si, haciendo las, cada causa tiene su efecto. Entonces, si hago unas determinadas cosas y tiene un efecto negativo, aunque me haga estar muy bien en este momento, yo sé que a la larga no me lo va a hacer estar. Y yo tengo que estar en el futuro por encima de todo. El presente pasa rápido.
Que ahí regresa un poco a tu concepto de enfocarte a lo importante, lo principal, y desestimar lo secundario, es decir, la practicidad, ¿no?
Sí, pero es que yo siempre procuré, yo nunca presté atención a lo secundario si no tenía claro que en lo esencial no podíamos avanzar más. Yo creo que esto es una falta de equilibrio al final. Hoy en día se tiende a prestar demasiada atención a las cosas que son secundarias. En el mundo del deporte y en el mundo de, incluso de la política. Yo, por ejemplo, evidentemente no soy político, pero mi lógica, ¿qué me llevaría? ¿Cuál es el tema principal? La vivienda. Oye, voy a dedicar el máximo de mi atención a procurar que la gente tenga vivienda o mejores condiciones. Después de esto, la siguiente preocupación, ¿cuál es esta? Pues ahora Cuando he solventado esto, solvento lo otro. No, aquí resulta que nos enfocamos en cosas que serían los número 10.
Y cómo facilitas ese enfoque, sobre todo hoy en una realidad en la que hay tantos estímulos, opiniones, medios, redes sociales. O sea, hablando de que tienes a cientos de jóvenes queriendo ser, le decía yo ahorita a Tavo que estábamos viendo, le dije, todos estos chavitos quieren ser el número 1.
Sí, no quieren serlo. Otra cosa es que puedan soñarlo, ¿no? El que quiere serlo se va y cuando acaba el entreno se va a la pared y juega y juega y entrena un poco más. ¿Cómo lo enfocas? Bueno, yo creo que con total normalidad y con total naturalidad. Al final, ¿qué es lo importante? Si hablamos de tenis, lo importante es tener un buen físico, tener una buena cabeza, es aguantar mentalmente y tener una buena técnica. Pues bueno, me enfoco eso. Si el vestido, si la raqueta, si la comida, esto viene más adelante. Cuando haya solventado esto, ahora voy a prestar atención a lo siguiente. Pero no antes, porque verter las prioridades tiene sus consecuencias, ¿sabes? Creo que es así.
¿Siempre has sido igual de exigente contigo mismo, Toni?
Yo no es que haya sido muy exigente conmigo mismo, No, a ver, lo que yo he procurado es ser consecuente. He sabido que si yo no era exigente, no me merecía esto o lo otro. No vuelvo a repetir, yo no soy ningún modelo de nada, pero sí que era consecuente con— O sea, yo intenté ser bueno de tenis, intenté ser un buen jugador y no lo fui. No le di la culpa a nadie. O bien no tuve las condiciones necesarias, o bien no hice lo que tocaba, o no entendí el juego. No pasa nada. Yo me lo pasé muy bien intentándolo. No lo conseguí, ningún problema, pero lo asumo. No me voy a— Lo que no hago es no hacer lo que toca y después todavía quejarme Porque las cosas no me han ido bien. No, no, no.
Háblame de este hábito que tienes de caminar.
Bueno, yo me acostumbré. Ahora camino menos porque suelo ir al gym. Pero sí que en las ciudades que visitaba, pues disponíamos de mucho tiempo. Además, a mí me gusta levantarme pronto y a mí me gustaba mucho ver amanecer las ciudades. Tanto si estaba en Roma como si estaba en Nueva York, en Londres o en París, cualquier sitio. Pues solía andar por la mañana. Yo recuerdo, yo qué sé, en Nueva York, que solíamos estar en un hotel al lado de Central Park, pues me iba hasta el Battery Park, al fondo. Pues un día cogía una ruta, otro día cogía otra calle. Si iba a París, cuando estaba en París, pues Por las mañanas a las 7, pues muchas veces me iba hasta Montmartre. Otro día, desde que estábamos cerca de los Champs-Élysées, pues cogía esta ruta, lo otro, y aprovechaba para, al menos para distraerme, también aprovechaba para pensar un poco y sobre todo visitaba la ciudad y hacía un poco de movimiento. Pasaba gusto de andar solo viendo la ciudad como amanecía.
Rafa se ha retirado, tú estás aquí en la academia. ¿Qué quieres construir?
Bueno, yo, ¿qué quiero construir? Yo no, de momento estoy construyendo un hotel. Quise comprar un pequeño hotel boutique e invertí bastante tiempo en reformarlo e intentar hacer las cosas bien. Y después, ¿qué quiero construir? Quiero seguir sintiéndome útil. Yo vengo aquí y si puedo dar un consejo a un jugador o a otro, a una chica, o esto, lo hago y me siento así un poco útil, ¿sabes? Evidentemente, con la edad uno va rebajando las expectativas y las exigencias de su trabajo, pero todavía Pues quiero tener la sensación de que puedo aportar algo, ¿sabes? Esto es lo que yo busco.
Estás viajando relativamente, dando conferencias por todo el mundo. Escribiste este nuevo libro, Todo se puede entrenar.
Todo se puede entrenar. Todo se debería entrenar. Y además, el libro no es completo el título, porque es Todo se puede mejorar. Todo se debería mejorar. Porque lo que marca la diferencia del ser humano al resto del mundo animal es precisamente esto. Lo he dicho antes, uno es la capacidad de ilusionarnos y lo segundo, a mi modo de ver, es la voluntad de mejorar. Eso es lo que no tienen los perros o los leones, no tienen la voluntad de mejorar. Y la ilusión que tienen los animales es pequeña, es momentánea. Ilusionarnos a largo plazo, pues, es fundamental. Y mejorar creo que tiene que ser la voluntad. Y no es solo mejorar en tu trabajo, es mejorar en tu educación, mejorar en tu cultura. Si juego ajedrez, pues intento hacerlo un poco mejor. Si no, si hago siempre lo mismo, si voy a jugar a golf, pues intento jugar un poco mejor. O si juego al tenis, porque esto es una de las cosas que da sentido a lo que hacemos.
¿Cómo has mejorado en ajedrez? Porque yo estoy como en 850.
Pues todavía te falta un rato. No, ¿cómo se mejora? A ver, yo creo que podría jugar mejor, pero al final yo lo que busco es un entretenimiento. Por eso hago partidas a 5 minutos, Pero evidentemente, si estudiando las aperturas, teniendo un concepto general del juego, si ataco, si hago un juego más posicional o un juego más de ataque o un juego más defensivo, pues, pero sobre todo lo mismo que en el ajedrez, en el tenis y en todo, prestando atención. Yo creo que es Es más importante la capacidad de prestar atención que la inteligencia para mejorar en la vida. Sabes lo que marca más la diferencia, y yo lo he visto con los chicos. Los chicos que más mejoran son los que tienen la capacidad de prestar más atención. ¿Sabes por qué? Estos son los que entienden el porqué del error, entienden todo.
Tony, para cerrar, si pudieras escribir un mensaje en el cielo para que millones de personas lo vieran, ¿qué dirías?
Evidentemente sería mantener ciertos valores que son fundamentales. El egoísmo, el ansia de poder, intentaría desterrar el ansia de poder, que es el daño que nos hacen esta gente que tiene ansia de poder. Después, yo quisiera vivir, creo que como todo el mundo, en una sociedad donde no hubiera tantas diferencias, donde unos pocos unos estemos muy bien y otros demasiado mal. Pero también intentaría que el mensaje fuera: intentemos dejar un mundo mejor para los que vengan después de nosotros.
Eso es trabajo de todos. Tony, no sé cómo agradecerte este tiempo. Esta ya quiero empaquetarla y mandársela a todo mi equipo para que la oiga. Comparto mucho de tu filosofía. A veces no es fácil asumir el costo que conlleva.
Bueno, hay una frase que la escuché en una película y se la repetí a Rafael en distintas ocasiones. La película era Negocios de familia, era abuelo, hijo y nieto que planeaban un robo, pillaban al abuelo, que era Sean Connery. El padre era Dustin Hoffman y creo que el nieto era Matthew Broderick. Al final pillan al abuelo, que era Sean Connery, y lo meten en la prisión. Y cuando el nieto le va a ver, a ver, apesadumbrado porque es el único que está en la prisión, Sinclair le dice: tranquilo, si no estás preparado para asumir la condena, no cometas el delito. Nosotros tenemos que estar preparados para asumir la condena. Y es lo que le repetí muchas veces a Rafael: si no estás preparado para asumir la derrota, No juegues. Si no estás preparado para subir a la red y que el otro te coloque un passing shot, no subas a la red. Si no estás preparado para esta alta exigencia, no te exijas. Al final hay que estar preparado para asumir lo que nuestra elección conlleva.
Pues muchísimas gracias por tu tiempo, Tony, eres un crack. ¿Dónde puede la gente saber más de lo que haces? ¿Con con tus libros, tus conferencias?
No, no, no. Yo siempre pienso que yo no, no, bueno, yo no hago nada suficientemente interesante para que nadie ni me escuche ni— Yo me limité a ser un entrenador de tenis que intenté hacer las cosas de la mejor manera posible y a veces salió bien y a veces no. Y no creo que tenga muchas cosas que contarle a la gente.
Pues pondremos igual tus redes sociales y tus páginas, que yo creo que habrá mucha gente interesada. ¿Algo que quieras agregar, Tony?
No, no, no, para mí ha sido un placer hablar aquí contigo. Y bueno, si alguien que lo que digo puede interesar a alguien, pues mejor que mejor.
Bueno, pues te estaremos viendo en México y gracias por recibirnos aquí. Un abrazo. Gracias, Tony. Muy bien. Muchas gracias por escuchar este episodio. Y antes de irme No olvides que si quieres recibir un correo muy corto pero cargado de valor de mi parte todos los días de lunes a viernes, puedes registrarte para recibir Oso Trava Daily. Todos los días estaré compartiendo alguna noticia, alguna lección, alguna herramienta que pueden ayudarte a ti a mejorar tu negocio, a crecer tu empresa, a ser más productivo y a tener una vida más plena en general. Así que si no te quieres perder de esta información cargada de valor para ti, simplemente ve a cracks.la diagonal correo. Déjame tu mail y muy pronto voy a estar en tu inbox. Eso es todo por hoy. Yo soy Oso Trava y espero que tengas una semana de cracks.










