A first-person Spanish monologue by Bosco Gutiérrez recounting spiritual lessons and personal growth during a nine-month kidnapping. He recalls his deeply spiritual mother and a childhood dream that framed Christian duty (personal holiness and apostolate). During captivity he deliberately chose to minister—praying and respectfully engaging—with his captors, which he says earned their respect and eased his conditions after Christmas (from being naked for four months to receiving clothing and small comforts). The experience left him with intense personal satisfaction for having done good amid hardship.
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Mi mamá se había muerto tres años antes del secuestro. Y ella, con ella siempre había anécdotas espirituales, porque ella era una mujer muy, muy espiritual, con un alma increíblemente piadosa, pero a la vez divertida, era una mujer increíble. Y mi madre algún día le conté que yo había soñado que estaba en el infierno, una anécdota de niño, pues de 12 años. Y me dijo, ¿Y qué te pasó en ese sueño? No, pues un tipo me estaba ofendiendo, diciendo que era un idiota ¿Por qué estábamos los dos en el infierno? Y yo le contestaba, ¿Pero por qué me gritas si los dos estamos aquí fregados en el infierno? Y él me dijo, no, es que yo estoy en el infierno porque yo me lo merezco, porque yo realmente actué mal en la vida, pero tú estás en el infierno por egoísta, porque no ayudaste a nadie. Entonces si tú me hubieras ayudado a mí, los dos estaríamos allá arriba, yo porque me hubiera convertido y tú porque hubieras ayudado a alguien. Cuando yo esto se lo conté a mi madre, a mi mamá, mamá me contestó qué maravilla que soñaste esto, porque le acabas de atinar con tu responsabilidad como cristiano, porque un cristiano es como una moneda de dos caras, y una moneda sin una cara no vale, y en el cristiano una cara se llama santidad personal y la otra cara se llama apostolado. No hay santos egoístas. Cuando eso me lo repitió mi mamá en cartas durante toda mi vida y finalmente me secuestran y recuerdo esa anécdota, digo, no vaya a ser el diablo que me muera mañana aquí en el secuestro, que era una probabilidad. Y me encuentra el secuestrador en el infierno al Tecate y me diga el Tecate, no, el alias este me eres un idiota, porque pues tú no viste más allá de las manos de tus secuestradores, seres humanos que somos equivocados o lo que tú quieras, pero somos seres humanos y tú no viste más allá de eso y estuviste egoístamente perfecto, pero nunca nos pelaste como ser humano. Y yo dije, no, eso a mí no me pasa, o sea, si me muero mañana a mí que no me digan y se me pone Tecate en el infierno. Le dije, pues yo te dije, güey, no me pelaste y cada quien su rollo, yo, pero de mí no pasó, ¿Entiendes? Fue por eso que me propuse una empresa de. Pues de hacer apostolado con los secuestradores, pero en una línea de respeto absoluto de su libertad. Tampoco nunca les dije suéltenme, no, cada quien su rollo, pero pues no, piensen bien las cosas que están haciendo en sus vidas. Y eso me llevó a tres meses de preparación y finalmente Navidad le recé y sí siento que eso como conquisté el respeto de los secuestradores. De manera que la segunda parte del secuestro, digamos, pues de Navidad a mayo, los siguientes cinco meses ya fueron en circunstancias un poquito más suaves que los primeros 4 meses, porque los primeros 4 meses estaba yo desnudo y los otros 5 meses ya estaba yo con calzones. Por lo menos me dieron chones, me dieron una medallita que me habían quitado, que le tenía yo cariño, me la prestaron, me dieron unas chanclitas, me dieron un relojito, entonces ya no contaba yo casettes para controlar el tiempo, entonces ya tenía mi relojito Casio de. Digo, mucha fita, pero por lo menos veía las horas. Una maravilla, la verdad, una. ¿Mejoró mi situación esto? No. Y obviamente pues esto me hizo más llevadero los nueve meses, pero finalmente me dio mucha satisfacción personal, porque yo no sé si a ti te pasa, pero a veces es indescriptible la razón de por qué te sientes feliz, pero hay días que te pones muy feliz por algo, pues porque no sé, tuviste una experiencia, tuviste un hijo o a lo mejor hiciste algún. Pero las experiencias más padres de tu vida es cuando realizas un bien y tú lo notas con alguien. Y en este caso, el haberle rezado a los secuestradores y que me hayan dado la mano, para mí me generó una felicidad indescriptible. Es un poco lo que yo recuerdo así como especial, con especial intensidad. Dices que te preocupaba al inicio.